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jueves, 27 de octubre de 2011

Sonidos Brainwaves binaurales: entre la sanación y la manipulación mental

El cerebro está compuesto desde 15.000 a 33.000 millones de neuronas, con más de 10.000 conexiones por cada una. A esta red de neuronas se la suele llamar “el tejido encantado”, dado que anatómicamente, es símil a tal. Las neuronas, para comunicarse unas con otras, utilizan impulsos eléctricos (bioelectricidad). Millones de neuronas enviando sincrónicamente – es decir: a la misma vez- sus señales bioeléctricas generan un patrón de ciclos medibles mediante un electroencefalograma. Este patrón, se llama: Patrón de Ondas Cerebrales (o en inglés: Brainwave). Estos patrones cambian dependiendo del tipo de actividad que estemos realizando, siendo 4 los tipos de patrones más conocidos y comunes para todos los seres humanos (aunque los investigadores siempre descubren nuevos patrones de activación neuronal).


4 tipos de ondas cerebrales
De las múltiples  acciones y reacciones de los patrones de activación y desactivación bioeléctrica del cerebro, resultan las siguientes 4 modalidades de activación, medible mediante estudios de electroencefalografía. (La frecuencia mediante la que se grafica dichas activaciones son “Ciclos sobre segundos = C/S”, es decir, cuántas activaciones hubo en un segundo).
Delta: estas ondas de forma sinusoidales, monomorfas e irregulares, con una frecuencia de 1-3 C/s, surgen principalmente en el sueño profundo y muy raras veces se pueden experimentar estando despierto. Sus estados psíquicos correspondientes son el dormir sin sueños, el trance y la hipnosis profunda. Las ondas delta resultan de gran importancia en los procesos curativos y en el fortalecimiento del sistema inmunitario.
Theta: Con una frecuencia de 4 a 7 C/s, las ondas theta se producen durante el sueño (o en meditación profunda, entrenamiento autógeno, etc), mientras actúan –a su vez- lo que se conoce como formaciones del subconsciente. Las características de este estado son: memoria, aprendizaje, fantasía, imaginación e inspiración creativa.
Alfa: De forma sinusoidal, tienen una frecuencia de 8 –12 C/s y están asociadas con estados de relajación. Se registran especialmente momentos antes de dormirse. Es un patrón típico cuando estamos –por ejemplo- relajados escuchando algún tema tranquilo.
Betha: Gráficamente,  su forma es irregular, y originan un campo electromagnético con una frecuencia comprendida entre 13 y 30 C/s (vibraciones por segundo). Se registran cuando la persona se encuentra despierta y en plena actividad mental. Es el patrón propio de estar despiertos, del estado de vigilia.


Sonidos binaurales
Conforme pasó el tiempo, y los investigadores nos fueron dando el resultado de sus descubrimientos, los profesionales de la salud mental, tienen nuevas y modernas herramientas para abordar los tratamientos. Dentro de ese kit de nuevas herramientas terapéuticas, encontramos a los sonidos binaurales, comúnmente llamados “Brainwaves”. Las ondas cerebrales, tienen una muy fuerte relación con la salud y el estado de ánimo de las personas.
Los sonidos brainwave-binaurales, son frecuencias sonoras producidas en laboratorio, mediante la cual se generan sensaciones de tridimensionalidad, de relajación, de estimulación, de desprendimiento astral, etc. dentro del cerebro. Como todavía la exactitud de los efectos terapéuticos de éstos sonidos está aun cuestionada, se recomienda  que los tratamientos con brainwave sólo se realicen luego de que un profesional, evalúa las condiciones cognitivas del sujeto, mediante una evaluación neuropsicológica.Aunque para todos aquellos que amamos la música, y casi que no podríamos imaginar la vida sin ella, la comprensión de que mediante frecuencias sonoras uno puede cambiar su estado de consciencia, no vale la pena siquiera cuestionarlo.
No obstante, si uno persigue el fin de relajarse, sobreponerse a un insomnio, ganar un poco más de concentración para un examen, usar brainwaves binaurales está “permitido”.

El yin-yang de los brainwaves binaurales
Es una constante en la historia de la humanidad que lo que se crea con fines lúdicos o a favor de la salud, termina siendo utilizado con fines inescrupulosos. Como sucedió con la energía nuclear, lo mismo está sucediendo con los brainwaves. Tal es así, que no sólo los militares los utilizan en sus programas de entrenamiento para soldados; sino que además, los casinos, los shoppings y las empresas, campañas políticas, etc. los utilizan para obtener beneficios personales y éticamente cuestionables.
Actualmente, hay muchos ingenieros de sonido y neurocientíficos que procuran mostrar que “artistas” como Britney Spear o Justin Bieber; utilizan este tipo de poderosas frecuencias para modificar los patrones de activación cerebral de los adolescentes (que al igual que los niños, son los más fáciles de manipular mediante casi cualquier tipo de técnica de control mental de masas). El uso de brainwaves camuflado en la música, podría ser una posible explicación de porqué artistas como los recientemente mencionados, son tan afamados y sus canciones producen esas extrañas reacciones en lo jóvenes. Convengamos, que las fanáticas de los Beatles, gritaban y se excitaban frente a Lennon & company, pero no quedó registro de que escuchando sus temas, los adolescentes hayan tenido ataques epilépticos o crisis generalizadas de ansiedad, cómo si sucede con la “música” de Bieber o Britney.
De todas maneras, lo que no se discute es el poder de los brainwaves binaurales. Nuevas modalidades de psicoterapias cognitivas basadas en Binaural brainwaves (una suerte de musicoterapia cibernética) los utilizan para obtener los siguientes resultados: Relajación, concentración, creatividad, ansiedad, estrés, meditación, como energisante, antidepresivo, para sueños lúcidos y más.
Entonces ¿cabe preguntarse si los binaurales brainwaves son buenos o malos?
Personalmente, en éste apartado, creo que no son las cosas, sino nuestra visión o uso de las cosas lo que hace que algo sea funcional o disfuncional. No existe tal cosa como el bien o el mal, y lo que puede ser bueno para unos, puede ser malo para otros.
Concluimos con la siguiente inquietud: La música que usa brainwaves, sin fines terapéuticos ¿Debería ser llamada música? Y los músicos (no terapeutas) que usan brainwaves ¿Son músicos?

lunes, 24 de octubre de 2011

¿Son más eficaces unas lenguas que otras?

Autor intelectual de la siguiente entrada:
Javier Valenzuela Manzanares
Dept. de Filología Inglesa, Universidad de Murcia, España

 Según un reciente estudio, las lenguas tienen un mecanismo que regula la velocidad de transferencia de información. Así, las lenguas que tienden a hablarse más lentamente suelen también ser “informacionalmente más densas”, es decir, a condensar en pocos elementos lingüísticos una gran cantidad de información, y viceversa. Existe, pues, un equilibrio entre velocidad de habla y densidad informacional, que hace que la tasa de transferencia de información de las distintas lenguas sea aproximadamente la misma.


Imagínese a un típico alemán hablando de manera natural en su idioma; las palabras surgen a una determinada velocidad. A continuación, haga lo mismo con un hablante italiano. ¿A cuál de los dos se imagina hablando más rápido? Si se basa en el estereotipo presente en nuestra cultura, la respuesta será que al hablante italiano: en nuestra percepción, los hablantes italianos tienden a hablar a toda velocidad (y gesticulando mucho). Esa misma percepción tienen los ingleses de los hablantes españoles: para ellos el hablante típico español es el equivalente sonoro de una metralleta disparando ráfagas de palabras. Si las distintas velocidades en producción de sonidos fueran emparejadas con una mayor o menor velocidad en la transferencia de información, bien podría pasar que al traducir una película italiana de dos horas, con su acelerado ritmo lingüístico, al más pausado alemán, esa película pasara en su versión doblada a durar tres horas, por ejemplo. Claramente, no es éste el caso, así que debe de haber algún mecanismo en las lenguas que mantiene la tasa de transferencia de información aproximadamente constante, al margen de la velocidad con que sus hablantes encadenen sonidos.

Este asunto es que el que han analizado los investigadores de la Universidad de Lyon François Peregrino, Christophe Coupé y Egidio Marsico, en un estudio cuyos resultados han sido publicados recientemente en la revista Language (2011). Empezaron tomando como material veinte textos del corpus multilingüe MULTEXT, originalmente escritos en inglés británico y traducidos de manera libre a siete idiomas (francés, alemán, italiano, español, japonés, y chino mandarín), intentando en la medida de lo posible que el contenido semántico se mantuviera intacto. Los textos, de unas cinco oraciones semánticamente conectadas, eran informes orales formales, pequeñas narraciones, o instrucciones de corte más informal (p.ej., un texto describía una situación en la que se pedía comida por teléfono). A continuación, estos textos fueron analizados por expertos nativos, que contaron el número de sílabas de cada uno, además del número de palabras. Seguidamente, los textos fueron grabados por una serie de hablantes nativos (entre seis y diez, dependiendo del idioma), que los leyeron a una velocidad considerada “normal”, ni muy apresurada ni tampoco excesivamente cuidadosa.

El siguiente paso fue medir la “densidad informacional” de cada lengua, es decir, decidir cómo de “comprimida” está la información al ser codificada en la señal hablada. Como se puede asumir que la cantidad de información de los distintos textos es la misma (al ser un mismo texto traducido a distintos idiomas), es relativamente sencillo calcular esa “densidad informacional” de cada idioma; en este caso, utilizaron el número de sílabas para hacer este cálculo. La idea era comprobar si existen lenguas “informacionalmente densas”, que expresan una cantidad dada de información con pocos elementos lingüísticos, frente a lenguas “informacionalmente ligeras”, o “poco densas”, que necesitarán una mayor cantidad de elementos lingüísticos para expresar esa misma cantidad de información, y valorar su relación con la tasa de producción de sílabas.

Tabla 1
Tabla 1.- Datos del estudio de Peregrino y col. (2011).

Los resultados indicaron que las lenguas que se hablaban más rápidamente eran también las menos densas informacionalmente; y al contrario, las lenguas de ritmo más lento eran también las que contenían una mayor densidad informacional. Por ejemplo, de la muestra analizada, el japonés es la lengua de habla más rápida, en la que se pronuncia un mayor número de sílabas por segundo (7,84), como indica la Tabla 1; sin embargo, su densidad de información es también la más baja (0,49). Igualmente, el español es también muy rápido en su pronunciación (7,82 sílabas por segundo) y de nuevo, tiene una densidad de información bastante baja (0,63). Comparadas con el español, lenguas como el inglés (6,19 sílabas por segundo) o el alemán (5,97 sílabas por segundo) son más lentas, pero compensan este hecho con densidades informacionales de las más altas. Finalmente, el idioma más lento de los analizados, el mandarín, con tan sólo 5,18 sílabas por segundo, es también el de mayor densidad informacional. En la Figura 1 se puede observar que no sólo la ordenación de las lenguas en estas medidas se ajusta a la hipótesis, sino que existe una clara relación lineal entre ellas. Si se observa la tasa media de velocidad de información (cuarta columna de la Tabla 1), vemos que casi todos los idiomas oscilan alrededor de los mismos valores (cercanos al 1).
Figura 1
Figura 1.- Todas las lenguas estudiadas se localizan a lo largo de una única línea, lo que indica que su velocidad de pronunciación se puede predecir casi perfectamente a partir de su densidad informacional.

Estos resultados muestran un mecanismo de las lenguas desconocido hasta ahora: su tendencia a modular la tasa de transferencia de información. Una posible explicación de este “termostato informacional” podría ser que las lenguas deben mantener unos valores de transferencia de información dentro de unos límites que garanticen una comunicación máximamente eficiente: lo suficientemente rápida para que la información transmitida sea útil, y al mismo tiempo lo suficientemente lenta para no incurrir en costes comunicativos (hablar excesivamente deprisa podría complicar mucho la articulación de determinados sonidos, así como la decodificación perceptual de la señal, entre otros problemas).

Este estudio no es más que una primera aproximación y sus resultados serán sin duda refinados en futuros trabajos (cuando se incorporen nuevas lenguas al estudio, un mayor número de hablantes, o se usen datos de contextos conversacionales, más naturales que la lectura de textos), pero sus datos apuntan al descubrimiento de un nuevo mecanismo regulador en las lenguas. Gracias a él, no existirían unas lenguas más eficaces que otras: todas mantienen una tasa de transferencia de información aproximadamente equivalente.