Los
sitios sociales dañan el cerebro de los niños
Hace tan solo un par de años atrás, la destacada y brillante neurocientífica Susan Greenfield -conocida por la conducción de unos documentales llamados “Brain story” para la BBC- publicó su opinión en contra de la utilización de sitios sociales durante la niñez. Actualmente, el sector privado y público parece sordo a los datos que procuraremos resumir en éste informe. En definitiva, los sitios sociales cambian drásticamente las conexiones neuronales en el cerebro de los niños. Dentro de los cambios alarmantes en los cerebros de los usuarios más jóvenes caben señalar los siguientes: reduce capacidad para prestar atención, fomenta una cultura de gratificación instantánea y cultiva -a su vez- actitudes negativas como egocentrismo y depresión.
No obstante, vale aclarar que la Dra. Greenfield no es la única voz en contra de éste fenómeno de modificación cerebral masivo. La neurociencia tiene fundamentos científicos para -acérrimamente- pensar a las redes sociales como un nuevo demonio agazapado en la oscuridad.
La vida en sociedad ya no es lo que era: Apaga la TV (y la PC)
Los niños de “antes” se relacionaban con otros en su colegio, en las plazas cercanas o con otros niños de su entorno, pasando mucho más tiempo con personas reales y grupos humanos de “carne y hueso”.
En la actualidad, especialmente en los países desarrollados, una gran parte de los niños que tienen un ordenador con acceso a la red establecen ese tipo de relaciones con personas virtuales que posiblemente nunca lleguen a conocer en el mundo real.
Muchos padres, profesores y psicólogos informan que una buena proporción de los jóvenes con los que trataN a diario carecen de la capacidad de comunicarse o concentrarse cuando no están frente a una pantalla. Pero, retomando un poco el título del informe, es en este contexto donde surge el momento indicado para preguntarnos: ¿cómo cambia esta “ciber-situación” el desarrollo mental de un niño? ¿Realmente le modifica las estructuras cerebrales?
Para algunos neurocientíficos y psicólogos esta variable es perjudicial para la juventud.
Greenfield, neurocientífica de la Universidad de Oxford y directora de la Royal Institution, cree que la exposición repetida a sitios sociales puede “reconfigurar” el cerebro de una forma diferente a la que hasta hoy consideramos normal. Y por si todo esto no fuese poco, este problema no es exclusivo de la computadora, sino también se extiende a la exposición indiscriminada de series de TV y los videojuegos. Para estos especialistas, la permanencia frente a una pantalla jugando, mirando TV o escribiendo a tus amigos puede transformarte en un humano diferente.
Contexto histórico
Desde la pólvora hasta la Revolución Industrial, distintos tipos de tecnología fueron reemplazando la labor humana, por el fin de la “automatización”. Desde antaño, la máquina viene reemplazando la fuerza de trabajo humana. Todavía hoy, la maquinaria en general está desplazando el pensamiento creativo.
Si nos paramos a ver nuestras “vidas pasadas” comprenderemos que desde hace muchos años “las máquinas” (utilizadas sin compasión) están contribuyendo negativamente a la humanidad.
Hace muchos años existe en el planeta tierra -pero en dominio de muy pocos hombres- los recursos tecnológicos suficientes para acabar con el hambre, la mala salud, educación de toda la aldea global. Por lo que en este artículo no se pretende criticar a las máquinas, sino al humano que las implementa.
Se leen muchos artículos en la literatura neurocientífica, en los que distintos psicólogos de distintas orientaciones señalan que la tecnología en general ha ido modificando nuestra capacidad para enfrentar problemas cotidianos de la vida real (por ejemplo, el sistema GPS puede hacer que los niños sean incapaces de descifrar un mapa y la juventud de ahora tiene un ataque de pánico frente a “La Guía T”).
Hace unas tres décadas atrás, se planteó una situación similar con la aparición de calculadoras digitales de bajo precio, cuyo uso continuado podía hacer que los jóvenes de la época “olvidasen” como efectuar cálculos de forma manual. En definitiva, no sería -ésta- la primera vez en que se ve al progreso y la tecnología como amenazante sin cuestionar a los seres humanos que la utilizan.
“Del Dios ha muerto, el hombre lo mató” a “La persona ha muerto, el facebook lo mató”
"Las redes sociales son el dedo que nos chupamos todo el día mientras estamos desparramados en un sillón, en lugar de salir a la calle y relacionarnos con nuestros pares” despacha Greenfield.
La neurocientífica también sostiene que la exposición a los juegos de ordenador, la mensajería instantánea, las salas de chat y los sitios de redes sociales podrían originar una generación con una pobre capacidad de atención. Preocupada, a menudo se pregunta “si realmente la conversación en tiempo real puede llegar a cambiar radicalmente nuestras costumbres, de la misma forma que el acechar, matar y desollar un animal para comerlo ha sido sustituida por la conveniencia de los paquetes de carne en el supermercado.”
La
relativización del Demonio, sin obrar como abogado del Diablo
De esta serie de informaciones presentadas por investigadores y eruditos comprometidos con la humanización de la ciencia, tiene que quedar en claro que las redes sociales son perjudiciales para los niños. Entonces nosotros, los “no-niños”, si todo salió bien y contamos con una moderada dosis de madurez psicológica, no somos víctimas potenciales de esta “pandemia virtual”.
Los adultos usamos las redes sociales para comunicarnos con nuestros amigos verdaderos, familiares, vecinos y clientes. Muchos de nosotros también, utilizamos las redes sociales para seguir a nuestros científicos, músicos, artistas y deportistas favoritos ¿verdad?.
Pero como responsable de las futuras generaciones que somos, nos cabe todavía preguntarnos, si los niños de hoy en día tienen espacio para que sean escuchados, tolerados, educados y profundamente amados. Son muchos los padres que víctima de alguna confusión producida por su automatización al sistema, abandonan a su niño a la “etiqueta psiquiátrica” de ADHD.
Es común que los adultos maduros tengamos la intuición de que las redes sociales podrían ser una solución a muchos de los problemas de educación que hoy el mundo enfrenta. Porque somos muchos los que pensamos que la educación es el peor enemigo de la ignorancia y también vemos en la educación compasiva la solución a los problemas del mundo moderno.
Somos nosotros, entonces quienes utilizamos en forma muy satisfactoria las nuevas tecnologías. Sigamos haciendo masa crítica. Personalmente, no conozco a nadie (adulto) que cancele unas empanadas y vino con amigos, por unas partidas de “City Ville” o “Angry Birds”, pero si conozco niños que dejarían todo por una partida de vídeo juegos o un mensaje del blackberry por responder.
Hace tan solo un par de años atrás, la destacada y brillante neurocientífica Susan Greenfield -conocida por la conducción de unos documentales llamados “Brain story” para la BBC- publicó su opinión en contra de la utilización de sitios sociales durante la niñez. Actualmente, el sector privado y público parece sordo a los datos que procuraremos resumir en éste informe. En definitiva, los sitios sociales cambian drásticamente las conexiones neuronales en el cerebro de los niños. Dentro de los cambios alarmantes en los cerebros de los usuarios más jóvenes caben señalar los siguientes: reduce capacidad para prestar atención, fomenta una cultura de gratificación instantánea y cultiva -a su vez- actitudes negativas como egocentrismo y depresión.
No obstante, vale aclarar que la Dra. Greenfield no es la única voz en contra de éste fenómeno de modificación cerebral masivo. La neurociencia tiene fundamentos científicos para -acérrimamente- pensar a las redes sociales como un nuevo demonio agazapado en la oscuridad.
La vida en sociedad ya no es lo que era: Apaga la TV (y la PC)
Los niños de “antes” se relacionaban con otros en su colegio, en las plazas cercanas o con otros niños de su entorno, pasando mucho más tiempo con personas reales y grupos humanos de “carne y hueso”.
En la actualidad, especialmente en los países desarrollados, una gran parte de los niños que tienen un ordenador con acceso a la red establecen ese tipo de relaciones con personas virtuales que posiblemente nunca lleguen a conocer en el mundo real.
Muchos padres, profesores y psicólogos informan que una buena proporción de los jóvenes con los que trataN a diario carecen de la capacidad de comunicarse o concentrarse cuando no están frente a una pantalla. Pero, retomando un poco el título del informe, es en este contexto donde surge el momento indicado para preguntarnos: ¿cómo cambia esta “ciber-situación” el desarrollo mental de un niño? ¿Realmente le modifica las estructuras cerebrales?
Para algunos neurocientíficos y psicólogos esta variable es perjudicial para la juventud.
Greenfield, neurocientífica de la Universidad de Oxford y directora de la Royal Institution, cree que la exposición repetida a sitios sociales puede “reconfigurar” el cerebro de una forma diferente a la que hasta hoy consideramos normal. Y por si todo esto no fuese poco, este problema no es exclusivo de la computadora, sino también se extiende a la exposición indiscriminada de series de TV y los videojuegos. Para estos especialistas, la permanencia frente a una pantalla jugando, mirando TV o escribiendo a tus amigos puede transformarte en un humano diferente.
Contexto histórico
Desde la pólvora hasta la Revolución Industrial, distintos tipos de tecnología fueron reemplazando la labor humana, por el fin de la “automatización”. Desde antaño, la máquina viene reemplazando la fuerza de trabajo humana. Todavía hoy, la maquinaria en general está desplazando el pensamiento creativo.
Si nos paramos a ver nuestras “vidas pasadas” comprenderemos que desde hace muchos años “las máquinas” (utilizadas sin compasión) están contribuyendo negativamente a la humanidad.
Hace muchos años existe en el planeta tierra -pero en dominio de muy pocos hombres- los recursos tecnológicos suficientes para acabar con el hambre, la mala salud, educación de toda la aldea global. Por lo que en este artículo no se pretende criticar a las máquinas, sino al humano que las implementa.
Se leen muchos artículos en la literatura neurocientífica, en los que distintos psicólogos de distintas orientaciones señalan que la tecnología en general ha ido modificando nuestra capacidad para enfrentar problemas cotidianos de la vida real (por ejemplo, el sistema GPS puede hacer que los niños sean incapaces de descifrar un mapa y la juventud de ahora tiene un ataque de pánico frente a “La Guía T”).
Hace unas tres décadas atrás, se planteó una situación similar con la aparición de calculadoras digitales de bajo precio, cuyo uso continuado podía hacer que los jóvenes de la época “olvidasen” como efectuar cálculos de forma manual. En definitiva, no sería -ésta- la primera vez en que se ve al progreso y la tecnología como amenazante sin cuestionar a los seres humanos que la utilizan.
“Del Dios ha muerto, el hombre lo mató” a “La persona ha muerto, el facebook lo mató”
"Las redes sociales son el dedo que nos chupamos todo el día mientras estamos desparramados en un sillón, en lugar de salir a la calle y relacionarnos con nuestros pares” despacha Greenfield.
La neurocientífica también sostiene que la exposición a los juegos de ordenador, la mensajería instantánea, las salas de chat y los sitios de redes sociales podrían originar una generación con una pobre capacidad de atención. Preocupada, a menudo se pregunta “si realmente la conversación en tiempo real puede llegar a cambiar radicalmente nuestras costumbres, de la misma forma que el acechar, matar y desollar un animal para comerlo ha sido sustituida por la conveniencia de los paquetes de carne en el supermercado.”
La
relativización del Demonio, sin obrar como abogado del DiabloDe esta serie de informaciones presentadas por investigadores y eruditos comprometidos con la humanización de la ciencia, tiene que quedar en claro que las redes sociales son perjudiciales para los niños. Entonces nosotros, los “no-niños”, si todo salió bien y contamos con una moderada dosis de madurez psicológica, no somos víctimas potenciales de esta “pandemia virtual”.
Los adultos usamos las redes sociales para comunicarnos con nuestros amigos verdaderos, familiares, vecinos y clientes. Muchos de nosotros también, utilizamos las redes sociales para seguir a nuestros científicos, músicos, artistas y deportistas favoritos ¿verdad?.
Pero como responsable de las futuras generaciones que somos, nos cabe todavía preguntarnos, si los niños de hoy en día tienen espacio para que sean escuchados, tolerados, educados y profundamente amados. Son muchos los padres que víctima de alguna confusión producida por su automatización al sistema, abandonan a su niño a la “etiqueta psiquiátrica” de ADHD.
Es común que los adultos maduros tengamos la intuición de que las redes sociales podrían ser una solución a muchos de los problemas de educación que hoy el mundo enfrenta. Porque somos muchos los que pensamos que la educación es el peor enemigo de la ignorancia y también vemos en la educación compasiva la solución a los problemas del mundo moderno.
Somos nosotros, entonces quienes utilizamos en forma muy satisfactoria las nuevas tecnologías. Sigamos haciendo masa crítica. Personalmente, no conozco a nadie (adulto) que cancele unas empanadas y vino con amigos, por unas partidas de “City Ville” o “Angry Birds”, pero si conozco niños que dejarían todo por una partida de vídeo juegos o un mensaje del blackberry por responder.














