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lunes, 28 de mayo de 2012

Los sitios sociales dañan el cerebro de los niños

 
Los sitios sociales dañan el cerebro de los niños

Hace tan solo un par de años atrás, la destacada y brillante neurocientífica Susan Greenfield -conocida por la conducción de unos documentales llamados “Brain story” para la BBC- publicó su opinión en contra de la utilización de sitios sociales durante la niñez. Actualmente, el sector privado y público parece sordo a los datos que procuraremos resumir en éste informe. En definitiva, los sitios sociales cambian drásticamente las conexiones neuronales en el cerebro de los niños. Dentro de los cambios alarmantes en los cerebros de los usuarios más jóvenes caben señalar los siguientes: reduce capacidad para prestar atención, fomenta una cultura de gratificación instantánea y cultiva -a su vez- actitudes negativas como egocentrismo y depresión.

No obstante, vale aclarar que la Dra. Greenfield no es la única voz en contra de éste fenómeno de modificación cerebral masivo. La neurociencia tiene fundamentos científicos para -acérrimamente- pensar a las redes sociales como un nuevo demonio agazapado en la oscuridad.
La vida en sociedad ya no es lo que era: Apaga la TV (y la PC)

Los niños de “antes” se relacionaban con otros en su colegio, en las plazas cercanas o con otros niños de su entorno, pasando mucho más tiempo con personas reales y grupos humanos de “carne y hueso”.
En la actualidad, especialmente en los países desarrollados, una gran parte de los niños que tienen un ordenador con acceso a la red establecen ese tipo de relaciones con personas virtuales que posiblemente nunca lleguen a conocer en el mundo real.
Muchos padres, profesores y psicólogos informan que una buena proporción de los jóvenes con los que trataN a diario carecen de la capacidad de comunicarse o concentrarse cuando no están frente a una pantalla. Pero, retomando un poco el título del informe, es en este contexto donde surge el momento indicado para preguntarnos: ¿cómo cambia esta “ciber-situación” el desarrollo mental de un niño? ¿Realmente le modifica las estructuras cerebrales?

Para algunos neurocientíficos y psicólogos esta variable es perjudicial para la juventud.
Greenfield, neurocientífica de la Universidad de Oxford y directora de la Royal Institution, cree que la exposición repetida a sitios sociales puede “reconfigurar” el cerebro de una forma diferente a la que hasta hoy consideramos normal. Y por si todo esto no fuese poco, este problema no es exclusivo de la computadora, sino también se extiende a la exposición indiscriminada de series de TV y los videojuegos. Para estos especialistas, la permanencia frente a una pantalla jugando, mirando TV o escribiendo a tus amigos puede transformarte en un humano diferente.

Contexto histórico
Desde la pólvora hasta la Revolución Industrial, distintos tipos de tecnología fueron reemplazando la labor humana, por el fin de la “automatización”. Desde antaño, la máquina viene reemplazando la fuerza de trabajo humana. Todavía hoy, la maquinaria en general está desplazando el pensamiento creativo.

Si nos paramos a ver nuestras “vidas pasadas” comprenderemos que desde hace muchos años “las máquinas” (utilizadas sin compasión) están contribuyendo negativamente a la humanidad.
Hace muchos años existe en el planeta tierra -pero en dominio de muy pocos hombres- los recursos tecnológicos suficientes para acabar con el hambre, la mala salud, educación de toda la aldea global. Por lo que en este artículo no se pretende criticar a las máquinas, sino al humano que las implementa.

Se leen muchos artículos en la literatura neurocientífica, en los que distintos psicólogos de distintas orientaciones señalan que la tecnología en general ha ido modificando nuestra capacidad para enfrentar problemas cotidianos de la vida real (por ejemplo, el sistema GPS puede hacer que los niños sean incapaces de descifrar un mapa y la juventud de ahora tiene un ataque de pánico frente a “La Guía T”).

Hace unas tres décadas atrás, se planteó una situación similar con la aparición de calculadoras digitales de bajo precio, cuyo uso continuado podía hacer que los jóvenes de la época “
olvidasen” como efectuar cálculos de forma manual. En definitiva, no sería -ésta- la primera vez en que se ve al progreso y la tecnología como amenazante sin cuestionar a los seres humanos que la utilizan.
“Del Dios ha muerto, el hombre lo mató” a “La persona ha muerto, el facebook lo mató”
"Las redes sociales son el dedo que nos chupamos todo el día mientras estamos desparramados en un sillón, en lugar de salir a la calle y relacionarnos con nuestros pares” despacha Greenfield.
La neurocientífica también sostiene que la exposición a los juegos de ordenador, la mensajería instantánea, las salas de chat y los sitios de redes sociales podrían originar una generación con una pobre capacidad de atención. Preocupada, a menudo se pregunta “si realmente la conversación en tiempo real puede llegar a cambiar radicalmente nuestras costumbres, de la misma forma que el acechar, matar y desollar un animal para comerlo ha sido sustituida por la conveniencia de los paquetes de carne en el supermercado.”

La relativización del Demonio, sin obrar como abogado del Diablo
De esta serie de informaciones presentadas por investigadores y eruditos comprometidos con la humanización de la ciencia, tiene que quedar en claro que las redes sociales son perjudiciales para los niños. Entonces nosotros, los “no-niños”, si todo salió bien y contamos con una moderada dosis de madurez psicológica, no somos víctimas potenciales de esta “pandemia virtual”.

Los adultos usamos las redes sociales para comunicarnos con nuestros amigos verdaderos, familiares, vecinos y clientes. Muchos de nosotros también, utilizamos las redes sociales para seguir a nuestros científicos, músicos, artistas y deportistas favoritos ¿verdad?.
Pero como responsable de las futuras generaciones que somos, nos cabe todavía preguntarnos, si los niños de hoy en día tienen espacio para que sean escuchados, tolerados, educados y profundamente amados. Son muchos los padres que víctima de alguna confusión producida por su automatización al sistema, abandonan a su niño a la “etiqueta psiquiátrica” de ADHD.

Es común que los adultos maduros tengamos la intuición de que las redes sociales podrían ser una solución a muchos de los problemas de educación que hoy el mundo enfrenta. Porque somos muchos los que pensamos que la educación es el peor enemigo de la ignorancia y también vemos en la educación compasiva la solución a los problemas del mundo moderno.
Somos nosotros, entonces quienes utilizamos en forma muy satisfactoria las nuevas tecnologías. Sigamos haciendo masa crítica. Personalmente, no conozco a nadie (adulto) que cancele unas empanadas y vino con amigos, por unas partidas de “City Ville” o “Angry Birds”, pero si conozco niños que dejarían todo por una partida de vídeo juegos o un mensaje del blackberry por responder.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Las referencias religiosas condicionan la psicología humana

Los recordatorios del concepto de Dios tienen un efecto divergente en la auto-regulación, revela un estudio

Resumen:
Estudios recientes han sugerido que una posible causa (evolutiva) del surgimiento de la religión habría sido que ésta fomenta el autocontrol de los individuos y, con él, algunos comportamientos sociales valiosos. Ahora, los resultados de una investigación realizada por científicos de la Universidad de Waterloo, en Canadá, señalan que el recordatorio del concepto de Dios puede generar respuestas divergentes en la auto-regulación humana. Los hallazgos obtenidos sugieren asimismo que las referencias religiosas condicionarían procesos psicológicos subyacentes a la salud, la felicidad y la productividad humanas.

Ver el resto de la entrada en:
http://www.tendencias21.net/Las-referencias-religiosas-condicionan-la-psicologia-humana_a8710.html

jueves, 27 de octubre de 2011

Sonidos Brainwaves binaurales: entre la sanación y la manipulación mental

El cerebro está compuesto desde 15.000 a 33.000 millones de neuronas, con más de 10.000 conexiones por cada una. A esta red de neuronas se la suele llamar “el tejido encantado”, dado que anatómicamente, es símil a tal. Las neuronas, para comunicarse unas con otras, utilizan impulsos eléctricos (bioelectricidad). Millones de neuronas enviando sincrónicamente – es decir: a la misma vez- sus señales bioeléctricas generan un patrón de ciclos medibles mediante un electroencefalograma. Este patrón, se llama: Patrón de Ondas Cerebrales (o en inglés: Brainwave). Estos patrones cambian dependiendo del tipo de actividad que estemos realizando, siendo 4 los tipos de patrones más conocidos y comunes para todos los seres humanos (aunque los investigadores siempre descubren nuevos patrones de activación neuronal).


4 tipos de ondas cerebrales
De las múltiples  acciones y reacciones de los patrones de activación y desactivación bioeléctrica del cerebro, resultan las siguientes 4 modalidades de activación, medible mediante estudios de electroencefalografía. (La frecuencia mediante la que se grafica dichas activaciones son “Ciclos sobre segundos = C/S”, es decir, cuántas activaciones hubo en un segundo).
Delta: estas ondas de forma sinusoidales, monomorfas e irregulares, con una frecuencia de 1-3 C/s, surgen principalmente en el sueño profundo y muy raras veces se pueden experimentar estando despierto. Sus estados psíquicos correspondientes son el dormir sin sueños, el trance y la hipnosis profunda. Las ondas delta resultan de gran importancia en los procesos curativos y en el fortalecimiento del sistema inmunitario.
Theta: Con una frecuencia de 4 a 7 C/s, las ondas theta se producen durante el sueño (o en meditación profunda, entrenamiento autógeno, etc), mientras actúan –a su vez- lo que se conoce como formaciones del subconsciente. Las características de este estado son: memoria, aprendizaje, fantasía, imaginación e inspiración creativa.
Alfa: De forma sinusoidal, tienen una frecuencia de 8 –12 C/s y están asociadas con estados de relajación. Se registran especialmente momentos antes de dormirse. Es un patrón típico cuando estamos –por ejemplo- relajados escuchando algún tema tranquilo.
Betha: Gráficamente,  su forma es irregular, y originan un campo electromagnético con una frecuencia comprendida entre 13 y 30 C/s (vibraciones por segundo). Se registran cuando la persona se encuentra despierta y en plena actividad mental. Es el patrón propio de estar despiertos, del estado de vigilia.


Sonidos binaurales
Conforme pasó el tiempo, y los investigadores nos fueron dando el resultado de sus descubrimientos, los profesionales de la salud mental, tienen nuevas y modernas herramientas para abordar los tratamientos. Dentro de ese kit de nuevas herramientas terapéuticas, encontramos a los sonidos binaurales, comúnmente llamados “Brainwaves”. Las ondas cerebrales, tienen una muy fuerte relación con la salud y el estado de ánimo de las personas.
Los sonidos brainwave-binaurales, son frecuencias sonoras producidas en laboratorio, mediante la cual se generan sensaciones de tridimensionalidad, de relajación, de estimulación, de desprendimiento astral, etc. dentro del cerebro. Como todavía la exactitud de los efectos terapéuticos de éstos sonidos está aun cuestionada, se recomienda  que los tratamientos con brainwave sólo se realicen luego de que un profesional, evalúa las condiciones cognitivas del sujeto, mediante una evaluación neuropsicológica.Aunque para todos aquellos que amamos la música, y casi que no podríamos imaginar la vida sin ella, la comprensión de que mediante frecuencias sonoras uno puede cambiar su estado de consciencia, no vale la pena siquiera cuestionarlo.
No obstante, si uno persigue el fin de relajarse, sobreponerse a un insomnio, ganar un poco más de concentración para un examen, usar brainwaves binaurales está “permitido”.

El yin-yang de los brainwaves binaurales
Es una constante en la historia de la humanidad que lo que se crea con fines lúdicos o a favor de la salud, termina siendo utilizado con fines inescrupulosos. Como sucedió con la energía nuclear, lo mismo está sucediendo con los brainwaves. Tal es así, que no sólo los militares los utilizan en sus programas de entrenamiento para soldados; sino que además, los casinos, los shoppings y las empresas, campañas políticas, etc. los utilizan para obtener beneficios personales y éticamente cuestionables.
Actualmente, hay muchos ingenieros de sonido y neurocientíficos que procuran mostrar que “artistas” como Britney Spear o Justin Bieber; utilizan este tipo de poderosas frecuencias para modificar los patrones de activación cerebral de los adolescentes (que al igual que los niños, son los más fáciles de manipular mediante casi cualquier tipo de técnica de control mental de masas). El uso de brainwaves camuflado en la música, podría ser una posible explicación de porqué artistas como los recientemente mencionados, son tan afamados y sus canciones producen esas extrañas reacciones en lo jóvenes. Convengamos, que las fanáticas de los Beatles, gritaban y se excitaban frente a Lennon & company, pero no quedó registro de que escuchando sus temas, los adolescentes hayan tenido ataques epilépticos o crisis generalizadas de ansiedad, cómo si sucede con la “música” de Bieber o Britney.
De todas maneras, lo que no se discute es el poder de los brainwaves binaurales. Nuevas modalidades de psicoterapias cognitivas basadas en Binaural brainwaves (una suerte de musicoterapia cibernética) los utilizan para obtener los siguientes resultados: Relajación, concentración, creatividad, ansiedad, estrés, meditación, como energisante, antidepresivo, para sueños lúcidos y más.
Entonces ¿cabe preguntarse si los binaurales brainwaves son buenos o malos?
Personalmente, en éste apartado, creo que no son las cosas, sino nuestra visión o uso de las cosas lo que hace que algo sea funcional o disfuncional. No existe tal cosa como el bien o el mal, y lo que puede ser bueno para unos, puede ser malo para otros.
Concluimos con la siguiente inquietud: La música que usa brainwaves, sin fines terapéuticos ¿Debería ser llamada música? Y los músicos (no terapeutas) que usan brainwaves ¿Son músicos?

lunes, 24 de octubre de 2011

¿Son más eficaces unas lenguas que otras?

Autor intelectual de la siguiente entrada:
Javier Valenzuela Manzanares
Dept. de Filología Inglesa, Universidad de Murcia, España

 Según un reciente estudio, las lenguas tienen un mecanismo que regula la velocidad de transferencia de información. Así, las lenguas que tienden a hablarse más lentamente suelen también ser “informacionalmente más densas”, es decir, a condensar en pocos elementos lingüísticos una gran cantidad de información, y viceversa. Existe, pues, un equilibrio entre velocidad de habla y densidad informacional, que hace que la tasa de transferencia de información de las distintas lenguas sea aproximadamente la misma.


Imagínese a un típico alemán hablando de manera natural en su idioma; las palabras surgen a una determinada velocidad. A continuación, haga lo mismo con un hablante italiano. ¿A cuál de los dos se imagina hablando más rápido? Si se basa en el estereotipo presente en nuestra cultura, la respuesta será que al hablante italiano: en nuestra percepción, los hablantes italianos tienden a hablar a toda velocidad (y gesticulando mucho). Esa misma percepción tienen los ingleses de los hablantes españoles: para ellos el hablante típico español es el equivalente sonoro de una metralleta disparando ráfagas de palabras. Si las distintas velocidades en producción de sonidos fueran emparejadas con una mayor o menor velocidad en la transferencia de información, bien podría pasar que al traducir una película italiana de dos horas, con su acelerado ritmo lingüístico, al más pausado alemán, esa película pasara en su versión doblada a durar tres horas, por ejemplo. Claramente, no es éste el caso, así que debe de haber algún mecanismo en las lenguas que mantiene la tasa de transferencia de información aproximadamente constante, al margen de la velocidad con que sus hablantes encadenen sonidos.

Este asunto es que el que han analizado los investigadores de la Universidad de Lyon François Peregrino, Christophe Coupé y Egidio Marsico, en un estudio cuyos resultados han sido publicados recientemente en la revista Language (2011). Empezaron tomando como material veinte textos del corpus multilingüe MULTEXT, originalmente escritos en inglés británico y traducidos de manera libre a siete idiomas (francés, alemán, italiano, español, japonés, y chino mandarín), intentando en la medida de lo posible que el contenido semántico se mantuviera intacto. Los textos, de unas cinco oraciones semánticamente conectadas, eran informes orales formales, pequeñas narraciones, o instrucciones de corte más informal (p.ej., un texto describía una situación en la que se pedía comida por teléfono). A continuación, estos textos fueron analizados por expertos nativos, que contaron el número de sílabas de cada uno, además del número de palabras. Seguidamente, los textos fueron grabados por una serie de hablantes nativos (entre seis y diez, dependiendo del idioma), que los leyeron a una velocidad considerada “normal”, ni muy apresurada ni tampoco excesivamente cuidadosa.

El siguiente paso fue medir la “densidad informacional” de cada lengua, es decir, decidir cómo de “comprimida” está la información al ser codificada en la señal hablada. Como se puede asumir que la cantidad de información de los distintos textos es la misma (al ser un mismo texto traducido a distintos idiomas), es relativamente sencillo calcular esa “densidad informacional” de cada idioma; en este caso, utilizaron el número de sílabas para hacer este cálculo. La idea era comprobar si existen lenguas “informacionalmente densas”, que expresan una cantidad dada de información con pocos elementos lingüísticos, frente a lenguas “informacionalmente ligeras”, o “poco densas”, que necesitarán una mayor cantidad de elementos lingüísticos para expresar esa misma cantidad de información, y valorar su relación con la tasa de producción de sílabas.

Tabla 1
Tabla 1.- Datos del estudio de Peregrino y col. (2011).

Los resultados indicaron que las lenguas que se hablaban más rápidamente eran también las menos densas informacionalmente; y al contrario, las lenguas de ritmo más lento eran también las que contenían una mayor densidad informacional. Por ejemplo, de la muestra analizada, el japonés es la lengua de habla más rápida, en la que se pronuncia un mayor número de sílabas por segundo (7,84), como indica la Tabla 1; sin embargo, su densidad de información es también la más baja (0,49). Igualmente, el español es también muy rápido en su pronunciación (7,82 sílabas por segundo) y de nuevo, tiene una densidad de información bastante baja (0,63). Comparadas con el español, lenguas como el inglés (6,19 sílabas por segundo) o el alemán (5,97 sílabas por segundo) son más lentas, pero compensan este hecho con densidades informacionales de las más altas. Finalmente, el idioma más lento de los analizados, el mandarín, con tan sólo 5,18 sílabas por segundo, es también el de mayor densidad informacional. En la Figura 1 se puede observar que no sólo la ordenación de las lenguas en estas medidas se ajusta a la hipótesis, sino que existe una clara relación lineal entre ellas. Si se observa la tasa media de velocidad de información (cuarta columna de la Tabla 1), vemos que casi todos los idiomas oscilan alrededor de los mismos valores (cercanos al 1).
Figura 1
Figura 1.- Todas las lenguas estudiadas se localizan a lo largo de una única línea, lo que indica que su velocidad de pronunciación se puede predecir casi perfectamente a partir de su densidad informacional.

Estos resultados muestran un mecanismo de las lenguas desconocido hasta ahora: su tendencia a modular la tasa de transferencia de información. Una posible explicación de este “termostato informacional” podría ser que las lenguas deben mantener unos valores de transferencia de información dentro de unos límites que garanticen una comunicación máximamente eficiente: lo suficientemente rápida para que la información transmitida sea útil, y al mismo tiempo lo suficientemente lenta para no incurrir en costes comunicativos (hablar excesivamente deprisa podría complicar mucho la articulación de determinados sonidos, así como la decodificación perceptual de la señal, entre otros problemas).

Este estudio no es más que una primera aproximación y sus resultados serán sin duda refinados en futuros trabajos (cuando se incorporen nuevas lenguas al estudio, un mayor número de hablantes, o se usen datos de contextos conversacionales, más naturales que la lectura de textos), pero sus datos apuntan al descubrimiento de un nuevo mecanismo regulador en las lenguas. Gracias a él, no existirían unas lenguas más eficaces que otras: todas mantienen una tasa de transferencia de información aproximadamente equivalente.

jueves, 20 de octubre de 2011

Estrogen Works in the Brain to Keep Weight in Check, Study Shows

A recent UT Southwestern Medical Center study found that estrogen regulates energy expenditure, appetite and body weight, while insufficient estrogen receptors in specific parts of the brain may lead to obesity.

"Estrogen has a profound effect on metabolism," said Dr. Deborah Clegg, associate professor of internal medicine and senior author of the study published Oct. 5 in Cell Metabolism. "We hadn't previously thought of sex hormones as being critical regulators of food intake and body weight."

The mouse study is the first to show that estrogen, acting through two hypothalamic neural centers in the brain, keeps female body weight in check by regulating hunger and energy expenditure. Female mice lacking estrogen receptor alpha -- a molecule that sends estrogen signals to neurons -- in those parts of the brain became obese and developed related diseases, such as diabetes and heart disease.

Similar results were not seen in male mice, although researchers suspect other unknown estrogen receptor sites in the brain play a similar role in regulating metabolism for males as well.

Estrogen receptors are located throughout the body, but researchers found two specific populations of estrogen receptors that appear to regulate energy balance for female mice.

The findings are potentially important for millions of postmenopausal women, many of whom have decided against hormonal replacement therapy. The study could lead to new hormonal replacement therapies in which estrogen is delivered to specific parts of the brain that regulate body weight, thereby avoiding the risks associated with full-body estrogen delivery, such as breast cancer and stroke.

Doctors stopped routinely recommending long-term estrogen therapy for menopausal women in 2002 when a Women's Health Initiative study showed the hormone also led to increased risk of cardiovascular disease.
"The role of estrogen in postmenopausal women continues to remain uncertain," Dr. Clegg said. "Current research is focused on the timing and the type of estrogen supplementation that would be most beneficial to women. Our findings further support a role for estrogens in regulating body weight and energy expenditure, suggesting a benefit of estrogen supplementation in postmenopausal women."

Other UT Southwestern researchers involved in the study included lead author Dr. Yong Xu, a former postdoctoral researcher in Dr. Clegg's lab; Dr. Carol Elias, assistant professor of internal medicine; and Dr. Joel Elmquist, professor of internal medicine.

The research was supported by grants from the National Institutes of Health, the American Heart Association and the American Diabetes Association.


Via: Sciencedaily

lunes, 17 de octubre de 2011

Pushing the Limits of Performance



Deceiving the brain can lead to an improvement of up to five per cent in sporting performance, according to research from Northumbria University -- news which could have a significant impact on athletes' chances in the 2012 Olympics.



In a research project, trained cyclists were asked to race against an avatar on a computer screen which they believed was moving at the rate of the cyclist's personal best.
However, the avatar was actually going at a speed one per cent faster than the cyclist's fastest time. Despite this, the cyclists, who could also see themselves as an avatar cycling the virtual course, were able to match their opponent, going faster than they ever had before.

Researchers believe this is because there is a reserve of energy production that can be tapped into, even in well-trained athletes.

In training, the mind anticipates the end of a bout of exercise in order to set an initial pace. Sensory receptors, which monitor the body's responses, feed this information back to the brain, allowing it to control the body's resources to last until the end of the exercise to avoid damage.

Professor Kevin Thompson, Head of Sport and Exercise Sciences at Northumbria University, who carried out the research along with PhD student Mark Stone, said: "We feel that this system is conservative and even in well-trained individuals, who have a well developed pacing template, there is a reserve of energy production which can be utilised to further enhance performance."

He added: "These findings demonstrate a metabolic reserve exists which, if it can be accessed, can release a performance improvement of between two and five per cent in terms of their average power output.
"At elite level sport, even an increase of one per cent in average speed can make the difference between somebody being placed in a race or not.''

The study found that adding a competitive opponent to motivate participants to access this reserve was not effective when the participant was aware that their opponent was exercising at a power output 2% or 5% greater, but was effective when participants did not know.

Prof Thompson added: "We believe a small deception of the brain can enhance performance. Despite the internal feedback to the brain being heightened by the extra power output being produced, the participants still believed it was possible to beat their opponent."

Vía: ScienceDaily

lunes, 10 de octubre de 2011

Brain imaging reveals why we remain optimistic in the face of reality

For some people, the glass is always half full. Even when a football fan's team has lost ten matches in a row, he might still be convinced his team can reverse its run of bad luck. So why, in the face of clear evidence to suggest to the contrary, do some people remain so optimistic about the future?

In a study published today in Nature Neuroscience, researchers at the Wellcome Trust Centre for Neuroimaging at UCL (University College London) show that people who are very optimistic about the outcome of events tend to learn only from information that reinforces their rose-tinted view of the world. This is related to 'faulty' function of their frontal lobes.

People's predictions of the future are often unrealistically optimistic. A problem that has puzzled scientists for decades is why human optimism is so pervasive, when reality continuously confronts us with information that challenges these biased beliefs.

"Seeing the glass as half full rather than half empty can be a positive thing – it can lower stress and anxiety and be good for our health and well-being," explains Dr Tali Sharot. "But it can also mean that we are less likely to take precautionary action, such as practising safe sex or saving for retirement. So why don't we learn from cautionary information?"

In this new study, Dr Sharot and Professor Ray Dolan from the Wellcome Trust Centre for Neuroimaging, together with Christoph Korn from the Berlin School of Mind and Brain have shown that our failure to alter optimistic predictions when presented with conflicting information is due to errors in how we process the information in our brains.

Nineteen volunteers were presented with a series of negative life events, such as car theft or Parkinson's disease, whilst lying in a functional magnetic resonance imaging (fMRI) scanner, which measures activity in the brain. They were asked to estimate the probability that this event would happen to them in the future. After a short pause, the volunteers were told the average probability of this event to occur. In total, the participants saw eighty such events.

After the scanning sessions, the participants were asked once again to estimate the probability of each event occurring to them. They were also asked to fill in a questionnaire measuring their level of optimism.
The researchers found that people did, in fact, update their estimates based on the information given, but only if the information was better than expected. For example if they had predicted that their likelihood of suffering from cancer was 40%, but the average likelihood was 30%, they might adjust their estimate to 32%. If the information was worse than expected – for example, if they had estimated 10% – then they tended to adjust their estimate much less, as if ignoring the data.

The results of the brain scans suggested why this might be the case. All participants showed increased activity in the frontal lobes of the brain when the information given was better than expected, this activity actively processed the information to recalculate an estimate. However, when the information was worse than estimated, the more optimistic a participant was (according to the personality questionnaire), the less efficiently activity in these frontal regions coded for it, suggesting they were disregarding the evidence presented to them.

Dr Sharot adds: "Our study suggests that we pick and choose the information that we listen to. The more optimistic we are, the less likely we are to be influenced by negative information about the future. This can have benefits for our mental health, but there are obvious downsides. Many experts believe the financial crisis in 2008 was precipitated by analysts overestimating the performance of their assets even in the face of clear evidence to the contrary."

'Understanding the brain' is one of the Wellcome Trust's key strategic challenges. At the Wellcome Trust Centre for Neuroimaging, clinicians and scientists study higher cognitive function to understand how thought and perception arise from brain activity, and how such processes break down in neurological and psychiatric disease.

Commenting on the study, Dr John Williams, Head of Neuroscience and Mental Health at the Wellcome Trust, said: "Being optimistic must clearly have some benefits, but is it always helpful and why do some people have a less rosy outlook on life? Understanding how some people always manage to remain optimistic could provide useful insights into happens when our brains do not function properly."
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The research was funded by the Wellcome Trust, the British Academy and the German Academic Exchange Service.

Via:
http://www.eurekalert.org/pub_releases/2011-10/wt-bir100611.php