Empresas, Colegios, Psicoterapia, Programas de Reducción de Estrés
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sábado, 26 de noviembre de 2011
Las referencias religiosas condicionan la psicología humana
Los recordatorios del concepto de Dios tienen un efecto divergente en la auto-regulación, revela un estudio
jueves, 27 de octubre de 2011
Sonidos Brainwaves binaurales: entre la sanación y la manipulación mental
El cerebro está compuesto desde 15.000 a 33.000 millones de neuronas, con más de 10.000 conexiones por cada una. A esta red de neuronas se la suele llamar “el tejido encantado”, dado que anatómicamente, es símil a tal. Las neuronas, para comunicarse unas con otras, utilizan impulsos eléctricos (bioelectricidad). Millones de neuronas enviando sincrónicamente – es decir: a la misma vez- sus señales bioeléctricas generan un patrón de ciclos medibles mediante un electroencefalograma. Este patrón, se llama: Patrón de Ondas Cerebrales (o en inglés: Brainwave). Estos patrones cambian dependiendo del tipo de actividad que estemos realizando, siendo 4 los tipos de patrones más conocidos y comunes para todos los seres humanos (aunque los investigadores siempre descubren nuevos patrones de activación neuronal).
4 tipos de ondas cerebrales
De las múltiples acciones y reacciones de los patrones de activación y desactivación bioeléctrica del cerebro, resultan las siguientes 4 modalidades de activación, medible mediante estudios de electroencefalografía. (La frecuencia mediante la que se grafica dichas activaciones son “Ciclos sobre segundos = C/S”, es decir, cuántas activaciones hubo en un segundo).
Delta: estas ondas de forma sinusoidales, monomorfas e irregulares, con una frecuencia de 1-3 C/s, surgen principalmente en el sueño profundo y muy raras veces se pueden experimentar estando despierto. Sus estados psíquicos correspondientes son el dormir sin sueños, el trance y la hipnosis profunda. Las ondas delta resultan de gran importancia en los procesos curativos y en el fortalecimiento del sistema inmunitario.
Theta: Con una frecuencia de 4 a 7 C/s, las ondas theta se producen durante el sueño (o en meditación profunda, entrenamiento autógeno, etc), mientras actúan –a su vez- lo que se conoce como formaciones del subconsciente. Las características de este estado son: memoria, aprendizaje, fantasía, imaginación e inspiración creativa.
Alfa: De forma sinusoidal, tienen una frecuencia de 8 –12 C/s y están asociadas con estados de relajación. Se registran especialmente momentos antes de dormirse. Es un patrón típico cuando estamos –por ejemplo- relajados escuchando algún tema tranquilo.
Betha: Gráficamente, su forma es irregular, y originan un campo electromagnético con una frecuencia comprendida entre 13 y 30 C/s (vibraciones por segundo). Se registran cuando la persona se encuentra despierta y en plena actividad mental. Es el patrón propio de estar despiertos, del estado de vigilia.
Sonidos binaurales
Conforme pasó el tiempo, y los investigadores nos fueron dando el resultado de sus descubrimientos, los profesionales de la salud mental, tienen nuevas y modernas herramientas para abordar los tratamientos. Dentro de ese kit de nuevas herramientas terapéuticas, encontramos a los sonidos binaurales, comúnmente llamados “Brainwaves”. Las ondas cerebrales, tienen una muy fuerte relación con la salud y el estado de ánimo de las personas.
Los sonidos brainwave-binaurales, son frecuencias sonoras producidas en laboratorio, mediante la cual se generan sensaciones de tridimensionalidad, de relajación, de estimulación, de desprendimiento astral, etc. dentro del cerebro. Como todavía la exactitud de los efectos terapéuticos de éstos sonidos está aun cuestionada, se recomienda que los tratamientos con brainwave sólo se realicen luego de que un profesional, evalúa las condiciones cognitivas del sujeto, mediante una evaluación neuropsicológica.Aunque para todos aquellos que amamos la música, y casi que no podríamos imaginar la vida sin ella, la comprensión de que mediante frecuencias sonoras uno puede cambiar su estado de consciencia, no vale la pena siquiera cuestionarlo.
No obstante, si uno persigue el fin de relajarse, sobreponerse a un insomnio, ganar un poco más de concentración para un examen, usar brainwaves binaurales está “permitido”.
El yin-yang de los brainwaves binaurales
Es una constante en la historia de la humanidad que lo que se crea con fines lúdicos o a favor de la salud, termina siendo utilizado con fines inescrupulosos. Como sucedió con la energía nuclear, lo mismo está sucediendo con los brainwaves. Tal es así, que no sólo los militares los utilizan en sus programas de entrenamiento para soldados; sino que además, los casinos, los shoppings y las empresas, campañas políticas, etc. los utilizan para obtener beneficios personales y éticamente cuestionables.
Actualmente, hay muchos ingenieros de sonido y neurocientíficos que procuran mostrar que “artistas” como Britney Spear o Justin Bieber; utilizan este tipo de poderosas frecuencias para modificar los patrones de activación cerebral de los adolescentes (que al igual que los niños, son los más fáciles de manipular mediante casi cualquier tipo de técnica de control mental de masas). El uso de brainwaves camuflado en la música, podría ser una posible explicación de porqué artistas como los recientemente mencionados, son tan afamados y sus canciones producen esas extrañas reacciones en lo jóvenes. Convengamos, que las fanáticas de los Beatles, gritaban y se excitaban frente a Lennon & company, pero no quedó registro de que escuchando sus temas, los adolescentes hayan tenido ataques epilépticos o crisis generalizadas de ansiedad, cómo si sucede con la “música” de Bieber o Britney.
De todas maneras, lo que no se discute es el poder de los brainwaves binaurales. Nuevas modalidades de psicoterapias cognitivas basadas en Binaural brainwaves (una suerte de musicoterapia cibernética) los utilizan para obtener los siguientes resultados: Relajación, concentración, creatividad, ansiedad, estrés, meditación, como energisante, antidepresivo, para sueños lúcidos y más.
Entonces ¿cabe preguntarse si los binaurales brainwaves son buenos o malos?
Personalmente, en éste apartado, creo que no son las cosas, sino nuestra visión o uso de las cosas lo que hace que algo sea funcional o disfuncional. No existe tal cosa como el bien o el mal, y lo que puede ser bueno para unos, puede ser malo para otros.
Concluimos con la siguiente inquietud: La música que usa brainwaves, sin fines terapéuticos ¿Debería ser llamada música? Y los músicos (no terapeutas) que usan brainwaves ¿Son músicos?
Personalmente, en éste apartado, creo que no son las cosas, sino nuestra visión o uso de las cosas lo que hace que algo sea funcional o disfuncional. No existe tal cosa como el bien o el mal, y lo que puede ser bueno para unos, puede ser malo para otros.
Concluimos con la siguiente inquietud: La música que usa brainwaves, sin fines terapéuticos ¿Debería ser llamada música? Y los músicos (no terapeutas) que usan brainwaves ¿Son músicos?
lunes, 24 de octubre de 2011
¿Son más eficaces unas lenguas que otras?
Autor intelectual de la siguiente entrada:
Javier Valenzuela Manzanares
Dept. de Filología Inglesa, Universidad de Murcia, España
Según un reciente estudio, las lenguas tienen un mecanismo que regula la velocidad de transferencia de información. Así, las lenguas que tienden a hablarse más lentamente suelen también ser “informacionalmente más densas”, es decir, a condensar en pocos elementos lingüísticos una gran cantidad de información, y viceversa. Existe, pues, un equilibrio entre velocidad de habla y densidad informacional, que hace que la tasa de transferencia de información de las distintas lenguas sea aproximadamente la misma.
Imagínese a un típico alemán hablando de manera natural en su idioma; las palabras surgen a una determinada velocidad. A continuación, haga lo mismo con un hablante italiano. ¿A cuál de los dos se imagina hablando más rápido? Si se basa en el estereotipo presente en nuestra cultura, la respuesta será que al hablante italiano: en nuestra percepción, los hablantes italianos tienden a hablar a toda velocidad (y gesticulando mucho). Esa misma percepción tienen los ingleses de los hablantes españoles: para ellos el hablante típico español es el equivalente sonoro de una metralleta disparando ráfagas de palabras. Si las distintas velocidades en producción de sonidos fueran emparejadas con una mayor o menor velocidad en la transferencia de información, bien podría pasar que al traducir una película italiana de dos horas, con su acelerado ritmo lingüístico, al más pausado alemán, esa película pasara en su versión doblada a durar tres horas, por ejemplo. Claramente, no es éste el caso, así que debe de haber algún mecanismo en las lenguas que mantiene la tasa de transferencia de información aproximadamente constante, al margen de la velocidad con que sus hablantes encadenen sonidos.
Este asunto es que el que han analizado los investigadores de la Universidad de Lyon François Peregrino, Christophe Coupé y Egidio Marsico, en un estudio cuyos resultados han sido publicados recientemente en la revista Language (2011). Empezaron tomando como material veinte textos del corpus multilingüe MULTEXT, originalmente escritos en inglés británico y traducidos de manera libre a siete idiomas (francés, alemán, italiano, español, japonés, y chino mandarín), intentando en la medida de lo posible que el contenido semántico se mantuviera intacto. Los textos, de unas cinco oraciones semánticamente conectadas, eran informes orales formales, pequeñas narraciones, o instrucciones de corte más informal (p.ej., un texto describía una situación en la que se pedía comida por teléfono). A continuación, estos textos fueron analizados por expertos nativos, que contaron el número de sílabas de cada uno, además del número de palabras. Seguidamente, los textos fueron grabados por una serie de hablantes nativos (entre seis y diez, dependiendo del idioma), que los leyeron a una velocidad considerada “normal”, ni muy apresurada ni tampoco excesivamente cuidadosa.
El siguiente paso fue medir la “densidad informacional” de cada lengua, es decir, decidir cómo de “comprimida” está la información al ser codificada en la señal hablada. Como se puede asumir que la cantidad de información de los distintos textos es la misma (al ser un mismo texto traducido a distintos idiomas), es relativamente sencillo calcular esa “densidad informacional” de cada idioma; en este caso, utilizaron el número de sílabas para hacer este cálculo. La idea era comprobar si existen lenguas “informacionalmente densas”, que expresan una cantidad dada de información con pocos elementos lingüísticos, frente a lenguas “informacionalmente ligeras”, o “poco densas”, que necesitarán una mayor cantidad de elementos lingüísticos para expresar esa misma cantidad de información, y valorar su relación con la tasa de producción de sílabas.
Los resultados indicaron que las lenguas que se hablaban más rápidamente eran también las menos densas informacionalmente; y al contrario, las lenguas de ritmo más lento eran también las que contenían una mayor densidad informacional. Por ejemplo, de la muestra analizada, el japonés es la lengua de habla más rápida, en la que se pronuncia un mayor número de sílabas por segundo (7,84), como indica la Tabla 1; sin embargo, su densidad de información es también la más baja (0,49). Igualmente, el español es también muy rápido en su pronunciación (7,82 sílabas por segundo) y de nuevo, tiene una densidad de información bastante baja (0,63). Comparadas con el español, lenguas como el inglés (6,19 sílabas por segundo) o el alemán (5,97 sílabas por segundo) son más lentas, pero compensan este hecho con densidades informacionales de las más altas. Finalmente, el idioma más lento de los analizados, el mandarín, con tan sólo 5,18 sílabas por segundo, es también el de mayor densidad informacional. En la Figura 1 se puede observar que no sólo la ordenación de las lenguas en estas medidas se ajusta a la hipótesis, sino que existe una clara relación lineal entre ellas. Si se observa la tasa media de velocidad de información (cuarta columna de la Tabla 1), vemos que casi todos los idiomas oscilan alrededor de los mismos valores (cercanos al 1).
Estos resultados muestran un mecanismo de las lenguas desconocido hasta ahora: su tendencia a modular la tasa de transferencia de información. Una posible explicación de este “termostato informacional” podría ser que las lenguas deben mantener unos valores de transferencia de información dentro de unos límites que garanticen una comunicación máximamente eficiente: lo suficientemente rápida para que la información transmitida sea útil, y al mismo tiempo lo suficientemente lenta para no incurrir en costes comunicativos (hablar excesivamente deprisa podría complicar mucho la articulación de determinados sonidos, así como la decodificación perceptual de la señal, entre otros problemas).
Este estudio no es más que una primera aproximación y sus resultados serán sin duda refinados en futuros trabajos (cuando se incorporen nuevas lenguas al estudio, un mayor número de hablantes, o se usen datos de contextos conversacionales, más naturales que la lectura de textos), pero sus datos apuntan al descubrimiento de un nuevo mecanismo regulador en las lenguas. Gracias a él, no existirían unas lenguas más eficaces que otras: todas mantienen una tasa de transferencia de información aproximadamente equivalente.
Javier Valenzuela Manzanares
Dept. de Filología Inglesa, Universidad de Murcia, España
Según un reciente estudio, las lenguas tienen un mecanismo que regula la velocidad de transferencia de información. Así, las lenguas que tienden a hablarse más lentamente suelen también ser “informacionalmente más densas”, es decir, a condensar en pocos elementos lingüísticos una gran cantidad de información, y viceversa. Existe, pues, un equilibrio entre velocidad de habla y densidad informacional, que hace que la tasa de transferencia de información de las distintas lenguas sea aproximadamente la misma.
Imagínese a un típico alemán hablando de manera natural en su idioma; las palabras surgen a una determinada velocidad. A continuación, haga lo mismo con un hablante italiano. ¿A cuál de los dos se imagina hablando más rápido? Si se basa en el estereotipo presente en nuestra cultura, la respuesta será que al hablante italiano: en nuestra percepción, los hablantes italianos tienden a hablar a toda velocidad (y gesticulando mucho). Esa misma percepción tienen los ingleses de los hablantes españoles: para ellos el hablante típico español es el equivalente sonoro de una metralleta disparando ráfagas de palabras. Si las distintas velocidades en producción de sonidos fueran emparejadas con una mayor o menor velocidad en la transferencia de información, bien podría pasar que al traducir una película italiana de dos horas, con su acelerado ritmo lingüístico, al más pausado alemán, esa película pasara en su versión doblada a durar tres horas, por ejemplo. Claramente, no es éste el caso, así que debe de haber algún mecanismo en las lenguas que mantiene la tasa de transferencia de información aproximadamente constante, al margen de la velocidad con que sus hablantes encadenen sonidos.
Este asunto es que el que han analizado los investigadores de la Universidad de Lyon François Peregrino, Christophe Coupé y Egidio Marsico, en un estudio cuyos resultados han sido publicados recientemente en la revista Language (2011). Empezaron tomando como material veinte textos del corpus multilingüe MULTEXT, originalmente escritos en inglés británico y traducidos de manera libre a siete idiomas (francés, alemán, italiano, español, japonés, y chino mandarín), intentando en la medida de lo posible que el contenido semántico se mantuviera intacto. Los textos, de unas cinco oraciones semánticamente conectadas, eran informes orales formales, pequeñas narraciones, o instrucciones de corte más informal (p.ej., un texto describía una situación en la que se pedía comida por teléfono). A continuación, estos textos fueron analizados por expertos nativos, que contaron el número de sílabas de cada uno, además del número de palabras. Seguidamente, los textos fueron grabados por una serie de hablantes nativos (entre seis y diez, dependiendo del idioma), que los leyeron a una velocidad considerada “normal”, ni muy apresurada ni tampoco excesivamente cuidadosa.
El siguiente paso fue medir la “densidad informacional” de cada lengua, es decir, decidir cómo de “comprimida” está la información al ser codificada en la señal hablada. Como se puede asumir que la cantidad de información de los distintos textos es la misma (al ser un mismo texto traducido a distintos idiomas), es relativamente sencillo calcular esa “densidad informacional” de cada idioma; en este caso, utilizaron el número de sílabas para hacer este cálculo. La idea era comprobar si existen lenguas “informacionalmente densas”, que expresan una cantidad dada de información con pocos elementos lingüísticos, frente a lenguas “informacionalmente ligeras”, o “poco densas”, que necesitarán una mayor cantidad de elementos lingüísticos para expresar esa misma cantidad de información, y valorar su relación con la tasa de producción de sílabas.
| Tabla 1.- Datos del estudio de Peregrino y col. (2011). |
| Figura 1.- Todas las lenguas estudiadas se localizan a lo largo de una única línea, lo que indica que su velocidad de pronunciación se puede predecir casi perfectamente a partir de su densidad informacional. |
Este estudio no es más que una primera aproximación y sus resultados serán sin duda refinados en futuros trabajos (cuando se incorporen nuevas lenguas al estudio, un mayor número de hablantes, o se usen datos de contextos conversacionales, más naturales que la lectura de textos), pero sus datos apuntan al descubrimiento de un nuevo mecanismo regulador en las lenguas. Gracias a él, no existirían unas lenguas más eficaces que otras: todas mantienen una tasa de transferencia de información aproximadamente equivalente.
viernes, 30 de septiembre de 2011
Científicos sustituyen con éxito el cerebelo de una rata por un chip
Un equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv, en Israel, ha logrado restaurar en una rata una función cerebral previamente inhabilitada, mediante el implante de un cerebelo artificial. Este avance abre una nueva vía a la posibilidad de desarrollar implantes cerebrales que sustituyan áreas del cerebro humano dañadas por infartos cerebrales u otras condiciones. Estos implantes podrían ayudar incluso a recuperar procesos de aprendizaje perdidos por efecto del envejecimiento.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv (TAU), en Israel, ha logrado restaurar en una rata una función cerebral previamente inhabilitada, mediante el implante de un cerebelo artificial.
Este avance abre una nueva vía a la posibilidad de desarrollar implantes cerebrales que sustituyan áreas del cerebro humano dañadas por infartos cerebrales u otras condiciones. Estos implantes podrían ayudar incluso a recuperar procesos de aprendizaje perdidos por efecto del envejecimiento.
Comunicación en dos direcciones
Según publica la revista Newscientist, los implantes de cóclea o las extremidades artificiales han probado ya que es posible conectar dispositivos electrónicos al cerebro. Sin embargo, hasta ahora, estos dispositivos han permitido sólo la comunicación en una dirección, desde el dispositivo hasta el cerebro o viceversa.
Lo que han conseguido el investigador de la Universidad de Tel Aviv, Matti Mintz, y sus colaboradores ha sido crear un cerebelo sintético que puede recibir señales sensoriales del tronco cerebral, una región que actúa como medio de transmisión de la información neurológica procedente del resto del cuerpo.
Pero no sólo eso: este cerebelo artificial es capaz de interpretar dichas señales y, después, enviar una señal a otra región diferente del mismo tronco cerebral, que a su vez impulsa a las neuronas motoras para que se ejecute un movimiento.
Según explicó Mintz en el último encuentro Strategies for Engineered Negligible Senescence, organizado por la Sens Foundation de California y celebrado en Cambridge, este logro probaría que se puede “registrar información procedente del cerebro, analizarla de manera similar a como lo hace la red biológica, y devolverla al cerebro de nuevo”.
Desarrollo del experimento
Una de las funciones del cerebelo natural es ayudar a coordinar y a cronometrar los movimientos. Esto, junto al hecho de que el cerebelo tiene una arquitectura neuronal sencilla, lo convierte en una región del cerebro óptima para su reproducción sintética. Mintz afirma que “conocemos la anatomía del cerebelo y algunos de sus comportamientos casi perfectamente”.
Los científicos analizaron las señales enviadas a un cerebelo real y las señales que éste generaba como respuesta. Después, usaron esta información para crear una versión artificial del cerebelo en un chip, que fue situado en el exterior del cráneo de la rata y conectado al cerebro de ésta a través de electrodos.
Este avance abre una nueva vía a la posibilidad de desarrollar implantes cerebrales que sustituyan áreas del cerebro humano dañadas por infartos cerebrales u otras condiciones. Estos implantes podrían ayudar incluso a recuperar procesos de aprendizaje perdidos por efecto del envejecimiento.
Comunicación en dos direcciones
Según publica la revista Newscientist, los implantes de cóclea o las extremidades artificiales han probado ya que es posible conectar dispositivos electrónicos al cerebro. Sin embargo, hasta ahora, estos dispositivos han permitido sólo la comunicación en una dirección, desde el dispositivo hasta el cerebro o viceversa.
Lo que han conseguido el investigador de la Universidad de Tel Aviv, Matti Mintz, y sus colaboradores ha sido crear un cerebelo sintético que puede recibir señales sensoriales del tronco cerebral, una región que actúa como medio de transmisión de la información neurológica procedente del resto del cuerpo.
Pero no sólo eso: este cerebelo artificial es capaz de interpretar dichas señales y, después, enviar una señal a otra región diferente del mismo tronco cerebral, que a su vez impulsa a las neuronas motoras para que se ejecute un movimiento.
Según explicó Mintz en el último encuentro Strategies for Engineered Negligible Senescence, organizado por la Sens Foundation de California y celebrado en Cambridge, este logro probaría que se puede “registrar información procedente del cerebro, analizarla de manera similar a como lo hace la red biológica, y devolverla al cerebro de nuevo”.
Desarrollo del experimento
Una de las funciones del cerebelo natural es ayudar a coordinar y a cronometrar los movimientos. Esto, junto al hecho de que el cerebelo tiene una arquitectura neuronal sencilla, lo convierte en una región del cerebro óptima para su reproducción sintética. Mintz afirma que “conocemos la anatomía del cerebelo y algunos de sus comportamientos casi perfectamente”.
Los científicos analizaron las señales enviadas a un cerebelo real y las señales que éste generaba como respuesta. Después, usaron esta información para crear una versión artificial del cerebelo en un chip, que fue situado en el exterior del cráneo de la rata y conectado al cerebro de ésta a través de electrodos.
Para probar el chip, en primer lugar se anestesió a la rata y se le incapacitó su cerebelo real. Después, se intentó enseñar al animal un reflejo motor condicionado, un parpadeo, mediante la combinación de un tono auditivo y una ráfaga de aire vertida sobre sus ojos.
El animal fue incapaz de aprender este reflejo antes de que le fuera incorporado el chip. Sin embargo, una vez que le fue conectado el cerebelo sintético, se comportó como un animal corriente, y aprendió a relacionar el sonido con la necesidad de parpadear. Por tanto, el circuito artificial funcionó como un circuito neurológico natural.
El siguiente paso que pretenden dar los investigadores es modelar áreas más extensas del cerebelo, que permitan aprender secuencias de movimientos, y probar un nuevo chip con estas características en otro animal consciente.
Según uno de los colaboradores de Mintz, el investigador Robert Prueckl, de Guger Technologies en Graz, Austria, nuevos avances podrían producirse con el desarrollo de softwares mejorados y mejores técnicas de implantación de electrodos. El objetivo último será fabricar chips que mimeticen áreas complejas del cerebro.
Contexto de la investigación
En su presentación en el encuentro de la Sens Foundation, Mintz explicó que la calidad y la esperanza de vida humanas se ven condicionadas por numerosas enfermedades cerebrales. En la actualidad, la recuperación de estos problemas está basada en intervenciones dirigidas a la activación de procesos de auto-reparación cerebral.
Se espera que futuros avances en intervenciones biológicas, como las intervenciones genéticas o las terapias con células madre puedan promover la recuperación neuronal. Pero otra estrategia factible sería la de sustituir microcircuitos neuronales naturales por sus análogos sintéticos.
Décadas de interacción entre las investigaciones científicas, los desarrollos tecnológicos y la demanda clínica creciente han dado lugar a nuevas técnicas de registro y estimulación de diversas áreas del cerebro.
Hasta la fecha, la estimulación del cerebro ha conseguido paliar una gama de síntomas del Parkinson o del Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), y los análisis en regiones cerebrales profundas han permitido detectar el origen neuronal de los ataques epilépticos. La esperanza es que estas dos técnicas puedan ser interconectadas por un procesador a tiempo real, y utilizadas en sincronía con el cerebro.
“Nuestro objetivo”, escribe Mintz, “era probar la factibilidad de una metodología híbrida de circuito cerrado para la rehabilitación de funciones cerebrales, mediante la sustitución de un microcircuito cerebral dañado”. Los resultados obtenidos han demostrado que esta metodología funciona.
Avance previo
En junio de 2010, Mintz y sus colaboradores anunciaron la creación de otro chip, el Rehabilitation Nano Chip o ReNaChip, capaz de proporcionar una estimulación precisa a regiones profundas del cerebro, lo que permitiría aliviar los efectos de trastornos como la depresión o el Parkinson. Estos trastornos requieren de una estimulación neuronal de gran precisión.
Pero, además, según publicó la Universidad de Tel Aviv en un comunicado, el ReNaChip podría usarse en un futuro para restaurar funciones cerebrales perdidas después de un traumatismo producido por un accidente de tráfico o un infarto cerebral.
La metodología utilizada por los investigadores en este caso consistió en registrar actividad neuronal a través de electrodos implantados en áreas dañadas del cerebro. A partir del análisis de esta actividad, se desarrollaron algoritmos para la estimulación de la actividad neuronal corriente, que fueron programados dentro del microchip para su posterior implantación en el cerebro.
Fuente: Tendencias21.net
El animal fue incapaz de aprender este reflejo antes de que le fuera incorporado el chip. Sin embargo, una vez que le fue conectado el cerebelo sintético, se comportó como un animal corriente, y aprendió a relacionar el sonido con la necesidad de parpadear. Por tanto, el circuito artificial funcionó como un circuito neurológico natural.
El siguiente paso que pretenden dar los investigadores es modelar áreas más extensas del cerebelo, que permitan aprender secuencias de movimientos, y probar un nuevo chip con estas características en otro animal consciente.
Según uno de los colaboradores de Mintz, el investigador Robert Prueckl, de Guger Technologies en Graz, Austria, nuevos avances podrían producirse con el desarrollo de softwares mejorados y mejores técnicas de implantación de electrodos. El objetivo último será fabricar chips que mimeticen áreas complejas del cerebro.
Contexto de la investigación
En su presentación en el encuentro de la Sens Foundation, Mintz explicó que la calidad y la esperanza de vida humanas se ven condicionadas por numerosas enfermedades cerebrales. En la actualidad, la recuperación de estos problemas está basada en intervenciones dirigidas a la activación de procesos de auto-reparación cerebral.
Se espera que futuros avances en intervenciones biológicas, como las intervenciones genéticas o las terapias con células madre puedan promover la recuperación neuronal. Pero otra estrategia factible sería la de sustituir microcircuitos neuronales naturales por sus análogos sintéticos.
Décadas de interacción entre las investigaciones científicas, los desarrollos tecnológicos y la demanda clínica creciente han dado lugar a nuevas técnicas de registro y estimulación de diversas áreas del cerebro.
Hasta la fecha, la estimulación del cerebro ha conseguido paliar una gama de síntomas del Parkinson o del Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), y los análisis en regiones cerebrales profundas han permitido detectar el origen neuronal de los ataques epilépticos. La esperanza es que estas dos técnicas puedan ser interconectadas por un procesador a tiempo real, y utilizadas en sincronía con el cerebro.
“Nuestro objetivo”, escribe Mintz, “era probar la factibilidad de una metodología híbrida de circuito cerrado para la rehabilitación de funciones cerebrales, mediante la sustitución de un microcircuito cerebral dañado”. Los resultados obtenidos han demostrado que esta metodología funciona.
Avance previo
En junio de 2010, Mintz y sus colaboradores anunciaron la creación de otro chip, el Rehabilitation Nano Chip o ReNaChip, capaz de proporcionar una estimulación precisa a regiones profundas del cerebro, lo que permitiría aliviar los efectos de trastornos como la depresión o el Parkinson. Estos trastornos requieren de una estimulación neuronal de gran precisión.
Pero, además, según publicó la Universidad de Tel Aviv en un comunicado, el ReNaChip podría usarse en un futuro para restaurar funciones cerebrales perdidas después de un traumatismo producido por un accidente de tráfico o un infarto cerebral.
La metodología utilizada por los investigadores en este caso consistió en registrar actividad neuronal a través de electrodos implantados en áreas dañadas del cerebro. A partir del análisis de esta actividad, se desarrollaron algoritmos para la estimulación de la actividad neuronal corriente, que fueron programados dentro del microchip para su posterior implantación en el cerebro.
Fuente: Tendencias21.net
lunes, 26 de septiembre de 2011
¿El contacto con mujeres atractivas afecta negativamente la salud de los hombres?
Introducción:
Una investigación reciente ha descubierto que la liberación de cortisol (hormona relacionada con situaciones de estrés) aumenta en un grupo de hombres cuando se encuentran en una situación de interacción social con mujeres atractivas. Según varios medios de comunicación, este estudio indica que las mujeres atractivas son perjudiciales para la salud. En este artículo analizo cuáles son exactamente los datos obtenidos y qué conclusiones son posibles y correctas a la luz de los resultados.
Sobre el origen de la investigación
Hace poco tiempo apareció en varios periódicos on-line un titular bastante llamativo: “Las mujeres guapas son perjudiciales para la salud” (http://www.20minutos.es/noticia/697214/9/guapa/ salud/hombres/). Esta noticia está basada en un trabajo reciente realizado por el grupo dirigido por Alicia Salvador, investigadora de la Universidad de Valencia. ¿Realmente se sigue tal conclusión de los datos de este estudio? Veamos lo que realmente hicieron los investigadores y las conclusiones a las que se puede llegar a partir de ellos.
En 2010, Leander van der Meij, Abraham Buunk y Alicia Salvador publicaron en la prestigiosa “Hormones and Behavior” un trabajo titulado “El contacto con mujeres atractivas afecta la liberación de cortisol en hombres”. Es cierto que si uno se queda en la mera lectura del título puede caer en la tentación de asociar el aumento de los niveles de cortisol con sus conocidos efectos nocivos, tales como la elevación de la glucemia, su vinculación con problemas cardíacos o, de manera más concreta, su relación con el estrés (Selye, 1956; Dickerson y Kemeny, 2004). Las conclusiones de los autores eran, sin embargo, mucho más moderadas.
Diseño del experimento
El diseño del experimento era sencillo: 84 hombres heterosexuales, todos ellos estudiantes de la Universidad de Valencia, fueron reclutados para una investigación sobre “secreción de hormonas”. Se controlaron mediante instrucciones el consumo de sustancias estimulantes, tabaco, alcohol, medicación, así como los hábitos de sueño durante al menos dos días antes de su participación. Una vez en el laboratorio, cada participante debía realizar una sencilla tarea de ordenador (intrascendente para la investigación real). Se tomaron muestras de saliva antes y después de realizar esta tarea. Estas muestras de saliva se usaron para medir el grado de liberación de cortisol. Posteriormente debían realizar un sudoku, pero antes de ello debían esperar cinco minutos acompañados de una persona, que podía ser hombre o mujer. Estas “personas estímulo” eran colaboradores de la investigación, estaban instruidos para mantener una conversación amigable durante la espera, y eran evaluados según su atractivo por los participantes después de su interacción social. Tras la realización del sudoku se volvía a tomar una tercera muestra de saliva.
No se encontraron cambios significativos en los niveles de cortisol entre la primera y la segunda medida de saliva, pero los resultados mostraron que los niveles de cortisol se incrementaban tras la interacción social con una mujer evaluada como atractiva por el participante.
Acercamiento a las conclusiones
En opinión de los autores, lo que ocurre en realidad es que los niveles de cortisol se incrementan ante una situación de “posible cortejo” (no se producía tal aumento si el contacto era con mujeres no atractivas para los participantes masculinos, ni cuando el contacto era con otros hombres).
Este incremento se puede explicar mediante la teoría de la “auto-preservación” social, que predice incrementos de cortisol cuando el bienestar psicológico se ve amenazado (Dickerson y Kemeny, 2004), entendiendo esta amenaza del bienestar psicológico como la posibilidad de perder el estatus social que la persona mantiene hasta ese momento. Es decir, si el hombre interacciona con una mujer atractiva se desata la predisposición al cortejo. Si el cortejo finalmente se llevase a cabo, llevaría asociada la posibilidad del rechazo. Este rechazo potencial es el hecho que resulta realmente amenazante para la integridad del estatus social del hombre, teniendo como consecuencia una experiencia de estrés.
Los medios masivos de comunicación no ayudan la objetividad científica
Como he comentado al inicio del artículo, dado lo impactante del título del artículo y del conocimiento existente sobre el cortisol (que ha sido relacionado con hiperglucemia, problemas cardiacos, relación con el estrés), este trabajo ha recibido amplia, y equivocada, repercusión mediática. Del trabajo original no se desprende una conclusión que cuadre con esos titulares sensacionalistas.
Es cierto que existe una relación entre el cortisol y el estrés, y también es sencillo encontrar trabajos rigurosos relacionando estrés y salud (p.ej., Cohen y Williamson, 1991; Chandola y col., 2008; Kulkarni, O’Farrel, Erasi y Mochar, 1998) lo cual puede inducir a pensar en la secuencia: mujer atractiva-cortisol-estrés-problemas de salud. Sin embargo, estas relaciones están mediadas de forma crucial por la magnitud de los cambios: situaciones de estrés leve o moderado son capaces de aumentar de forma detectable la liberación de cortisol, pero es necesaria una situación sostenida de alto estrés y altos niveles de cortisol para que sus efectos nocivos sobre la salud sean detectables (Pruessner, Hellhammer, Pruessner, y Lupien, 2003; Schulz, Kirschbaum, Prüssner y Hellhammer, 1998; Wüst, Wolf, Hellhammer, Federenko, Schommer y Kirschbaum, 2000).
Consejo
De ahí que no se pueda afirmar la existencia de una relación causal entre las mujeres atractivas y los problemas de salud. La próxima vez que se encuentre una noticia de este estilo, tómela con una pizca de sal.
Artículo escrito originalmente por:
Antonio González-Hernández (Dept. de Psicología Social, Antropología Social, Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad de Málaga, España)
Antonio González-Hernández (Dept. de Psicología Social, Antropología Social, Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad de Málaga, España)
viernes, 16 de septiembre de 2011
La revolución neurocientífica modificará los conceptos del yo y de la realidad
El pasado 10 de septiembre, el neurocientífico Francisco J. Rubia, Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, dictó la siguiente conferencia, dentro del marco del 43º Congreso de la European Brain and Behaviour Society de Sevilla, sobre los últimos avances de la neurociencia. Según Rubia, los hallazgos realizados en este campo en los últimos años han sido múltiples y podrían producir lo que él denomina "la cuarta humillación humana", tras el final del geocentrismo, la aparición de la teoría de la evolución y el descubrimiento del inconsciente. Estos hallazgos llevarían, de hecho, a cuestionarse conceptos tan fundamentales para nuestra cosmovisión como la naturaleza de la realidad o del yo o la existencia del libre albedrío.
En el artículo se mencionan las 3 revoluciones de la humanidad (industrial, agricola, chip), y sobre los efectos de las mismas.
También menciona las neuroarmas y las neurosociedades, sobre lo que falta por conocer, y sobre lo que sería la cuarta herida narcisista a la humanidad (la primera de Copérnico, la segunda de Darwin y la tercera de Freud).
El yo ya no existe como tal, y la realidad, va -según parece- a cambiar su sentido y significado.
También se mencionan aspectos relacionados al cerebro y la espiritualidad, y si existe tal cosa como la fuerza de voluntad.
La nota completa la encontrarán aqui:
http://www.tendencias21.net/La-revolucion-neurocientifica-modificara-los-conceptos-del-yo-y-de-la-realidad_a7436.html
miércoles, 7 de septiembre de 2011
La Teoría de la Interacción Supramodular
Los estados fenoménicos permiten la integración de información diversa. Una limitación de esta idea de consenso integrativo es que no especifica qué clase de conflictos requieren de estados fenoménicos para la integración informativa. La Teoría de la Integración Supramodular propone que los estados fenoménicos solamente son necesarios para integrar los conflictos de inclinaciones del sistema músculo-esquelético hacia acciones dirigidas a metas.
Uno de los retos que el sistema nervioso del ser humano afronta es que, a menudo, algunos de los sistemas que lo integran pueden tener inclinaciones a actuar de distinta manera frente al mismo estímulo. Bajo condiciones de conflicto, un sistema puede intentar aproximarse a un estímulo, mientras otro sistema puede intentar evitarlo. Por ejemplo, un sistema puede tratar de dejar caer un plato caliente que uno está llevando de la cocina a la mesa del comedor, pero otro sistema puede desear continuar llevándolo. Frecuentemente, estos sistemas tienen distintos planes, principios de operación, orígenes filogenéticos, y bases de conocimiento. Un conflicto básico ocurre, p.ej., mientras se sostiene la respiración: simultáneamente uno se encuentra inclinado a inhalar y a no inhalar.
Aunque está bien establecido que la preparación de la acción y el control perceptivo-motor pueden darse inconscientemente (Rosenbaum, 2002), se ha propuesto que la función principal de los estados fenoménicos es integrar procesos que de otro modo serían independientes (Baars, 2002; Merker, 2007). Esta propuesta es desarrollada de manera detallada en la Teoría de Espacio Global de Stanislas Dehaene (Dehaene y Naccache, 2001; Dehaene, Changeux, Naccache, Sackur y Sergent, 2006).
Conforme a este punto de vista, los estados fenoménicos permiten que información diversa sea integrada en un tipo de espacio de trabajo, cuyos contenidos son transmitidos globalmente. Una limitación de esta idea de consenso integrativo es que no especifica qué clase de conflictos requiere de estados fenoménicos para la integración de información y qué clase no los requiere. La Teoría de la Integración Supramodular (Morsella, 2005) propone que los estados fenoménicos son necesarios para integrar sólo ciertos tipos de información, en concreto, los conflictos de inclinaciones hacia acciones del sistema músculo-esquelético dirigidas a metas. Éste es el principio de Respuestas Paralelas hacia el Músculo Esquelético (o Parallel Responses into Skeletal Muscle-PRISM; Morsella, 2005).
De las tres formas de integración informativa en el cerebro, la conciencia es necesaria sólo para un tipo de unión (Morsella y Bargh, en prensa). La interlocución consciente no es necesaria para la unión de aspectos perceptuales dentro o entre las modalidades perceptuales (unión aferente, como en el caso de la unión de aspectos perceptuales o ilusiones intersensoriales), y tampoco es necesaria para la unión de códigos perceptuales y de acción (unión eferente; Haggard, Aschersleben, Gehrke y Prinz, 2002), como cuando un estímulo subliminal provoca una decisión-respuesta correcta (Taylor y McCloskey, 1990). Sin embargo, la conciencia es necesaria para integrar dos flujos informativos opuestos de unión eferente. Este tipo de unión eferente-eferente produce acción integrada (p.ej., sostener la respiración o participar en el test de Stroop).
De acuerdo con esta teoría, los planes músculo-esqueléticos incompatibles deben activar fuertes cambios en la conciencia (véase la evidencia en Morsella, Gray, Krieger y Bargh, 2009). Por otro lado, conflictos que ocurren en otros niveles de procesamiento informativo (p.ej., conflictos intersensoriales) y que no involucran a los músculos esqueléticos no producen tales cambios (Morsella y cols., 2009a, 2009b.)
Sin estos estados fenoménicos y la interlocución entre sistemas que establecen, la acción puede ser influida por un sistema u otro (como en el caso de acciones “no integradas” como la inhalación reflexiva o la evitación de dolor), pero no puede ser influida por más de un sistema simultáneamente (como en el caso de “acciones integradas” como sostener la respiración). Otros sistemas efectores, como el del músculo liso, no sufren de esta forma de multideterminación y no manifiestan esta solución interlocutiva. Por lo tanto, conflictos que ocurren fuera del sistema muscular esquelético (p.ej., que afectan al reflejo pupilar o la peristalsis) no requieren de mediación consciente y no están asociados con cambios en la conciencia (Morsella y cols., 2009a).
PRISM es la única teoría que explica por qué los músculos esqueléticos son músculos “voluntarios”: lo son porque están dirigidos por múltiples sistemas encapsulados que, cuando entran en conflicto, requieren de estados fenoménicos para producir acción adaptativa. El control cognitivo existe más al nivel del comportamiento explícito que al nivel de las inclinaciones del sistema: lo que puede ser suprimido al nivel del comportamiento no siempre puede ser suprimido al nivel mental. Con base en la función de interlocución de los estados fenoménicos, la selección integrada de acciones dirigidas a metas puede tomar en consideración los “votos” de sistemas que son frecuentemente rivales. Estos votos pueden ser interpretados como tendencias basadas en conocimiento innato o aprendido.
Este punto de vista es consistente con la propuesta de que la función de la conciencia es construir una simulación cuasi-perceptual interna del mundo externo y de nuestro lugar (y nuestras disposiciones) en él (Hesslow, 2002; Merker, 2007). De manera figurativa, se puede decir que este simulacro es como el sistema de navegación de los automóviles modernos, excepto en que las representaciones de los estados e inclinaciones del organismo (p.ej., los votos de los sistemas de acción) también están incluidos en la simulación.
En conclusión, los procesos de ‘control-reflexivo’ están asociados con estados fenoménicos y con las acciones integradas, como sostener la respiración, guiñar el ojo (voluntariamente), suprimir una respuesta habitual o prominente, o suprimir comportamiento socialmente inapropiado.
Artículo originalmente escrito por:
Ezequiel Morsella (a,b) y Carlos Montemayor (c)
(a) Departamento de Psicología, San Francisco State University, Estados Unidos
(b) Departamento de Neurología, University of California, San Francisco, Estados Unidos
(c) Departamento de Filosofía, San Francisco State University, Estados Unidos
En revista online de Ciencia Cognitiva
Uno de los retos que el sistema nervioso del ser humano afronta es que, a menudo, algunos de los sistemas que lo integran pueden tener inclinaciones a actuar de distinta manera frente al mismo estímulo. Bajo condiciones de conflicto, un sistema puede intentar aproximarse a un estímulo, mientras otro sistema puede intentar evitarlo. Por ejemplo, un sistema puede tratar de dejar caer un plato caliente que uno está llevando de la cocina a la mesa del comedor, pero otro sistema puede desear continuar llevándolo. Frecuentemente, estos sistemas tienen distintos planes, principios de operación, orígenes filogenéticos, y bases de conocimiento. Un conflicto básico ocurre, p.ej., mientras se sostiene la respiración: simultáneamente uno se encuentra inclinado a inhalar y a no inhalar.
Aunque está bien establecido que la preparación de la acción y el control perceptivo-motor pueden darse inconscientemente (Rosenbaum, 2002), se ha propuesto que la función principal de los estados fenoménicos es integrar procesos que de otro modo serían independientes (Baars, 2002; Merker, 2007). Esta propuesta es desarrollada de manera detallada en la Teoría de Espacio Global de Stanislas Dehaene (Dehaene y Naccache, 2001; Dehaene, Changeux, Naccache, Sackur y Sergent, 2006).
Conforme a este punto de vista, los estados fenoménicos permiten que información diversa sea integrada en un tipo de espacio de trabajo, cuyos contenidos son transmitidos globalmente. Una limitación de esta idea de consenso integrativo es que no especifica qué clase de conflictos requiere de estados fenoménicos para la integración de información y qué clase no los requiere. La Teoría de la Integración Supramodular (Morsella, 2005) propone que los estados fenoménicos son necesarios para integrar sólo ciertos tipos de información, en concreto, los conflictos de inclinaciones hacia acciones del sistema músculo-esquelético dirigidas a metas. Éste es el principio de Respuestas Paralelas hacia el Músculo Esquelético (o Parallel Responses into Skeletal Muscle-PRISM; Morsella, 2005).
De las tres formas de integración informativa en el cerebro, la conciencia es necesaria sólo para un tipo de unión (Morsella y Bargh, en prensa). La interlocución consciente no es necesaria para la unión de aspectos perceptuales dentro o entre las modalidades perceptuales (unión aferente, como en el caso de la unión de aspectos perceptuales o ilusiones intersensoriales), y tampoco es necesaria para la unión de códigos perceptuales y de acción (unión eferente; Haggard, Aschersleben, Gehrke y Prinz, 2002), como cuando un estímulo subliminal provoca una decisión-respuesta correcta (Taylor y McCloskey, 1990). Sin embargo, la conciencia es necesaria para integrar dos flujos informativos opuestos de unión eferente. Este tipo de unión eferente-eferente produce acción integrada (p.ej., sostener la respiración o participar en el test de Stroop).
De acuerdo con esta teoría, los planes músculo-esqueléticos incompatibles deben activar fuertes cambios en la conciencia (véase la evidencia en Morsella, Gray, Krieger y Bargh, 2009). Por otro lado, conflictos que ocurren en otros niveles de procesamiento informativo (p.ej., conflictos intersensoriales) y que no involucran a los músculos esqueléticos no producen tales cambios (Morsella y cols., 2009a, 2009b.)
Sin estos estados fenoménicos y la interlocución entre sistemas que establecen, la acción puede ser influida por un sistema u otro (como en el caso de acciones “no integradas” como la inhalación reflexiva o la evitación de dolor), pero no puede ser influida por más de un sistema simultáneamente (como en el caso de “acciones integradas” como sostener la respiración). Otros sistemas efectores, como el del músculo liso, no sufren de esta forma de multideterminación y no manifiestan esta solución interlocutiva. Por lo tanto, conflictos que ocurren fuera del sistema muscular esquelético (p.ej., que afectan al reflejo pupilar o la peristalsis) no requieren de mediación consciente y no están asociados con cambios en la conciencia (Morsella y cols., 2009a).
PRISM es la única teoría que explica por qué los músculos esqueléticos son músculos “voluntarios”: lo son porque están dirigidos por múltiples sistemas encapsulados que, cuando entran en conflicto, requieren de estados fenoménicos para producir acción adaptativa. El control cognitivo existe más al nivel del comportamiento explícito que al nivel de las inclinaciones del sistema: lo que puede ser suprimido al nivel del comportamiento no siempre puede ser suprimido al nivel mental. Con base en la función de interlocución de los estados fenoménicos, la selección integrada de acciones dirigidas a metas puede tomar en consideración los “votos” de sistemas que son frecuentemente rivales. Estos votos pueden ser interpretados como tendencias basadas en conocimiento innato o aprendido.
Este punto de vista es consistente con la propuesta de que la función de la conciencia es construir una simulación cuasi-perceptual interna del mundo externo y de nuestro lugar (y nuestras disposiciones) en él (Hesslow, 2002; Merker, 2007). De manera figurativa, se puede decir que este simulacro es como el sistema de navegación de los automóviles modernos, excepto en que las representaciones de los estados e inclinaciones del organismo (p.ej., los votos de los sistemas de acción) también están incluidos en la simulación.
En conclusión, los procesos de ‘control-reflexivo’ están asociados con estados fenoménicos y con las acciones integradas, como sostener la respiración, guiñar el ojo (voluntariamente), suprimir una respuesta habitual o prominente, o suprimir comportamiento socialmente inapropiado.
Artículo originalmente escrito por:
Ezequiel Morsella (a,b) y Carlos Montemayor (c)
(a) Departamento de Psicología, San Francisco State University, Estados Unidos
(b) Departamento de Neurología, University of California, San Francisco, Estados Unidos
(c) Departamento de Filosofía, San Francisco State University, Estados Unidos
En revista online de Ciencia Cognitiva
lunes, 5 de septiembre de 2011
Primer mapa del Cerebro Místico
Desde hace varios años, se viene trabajando en la hipótesis que Dios, está ubicado en algunas zonas de la corteza cerebral. Que lesionada la misma, puede hacerle perder la fe, incluso al mismo Benedicto XVI, y que por otra parte, una lesión en esas zonas en cuestión, puede convertir al más acérrimo ateo, como ser Humberto Eco.
La nota que trata sobre "El primer Mapa de Cerebro Místico", nos cuenta
que "El Institute of Noetic Science ha creado un mapa sobre las áreas del cerebro que, hasta ahora, la neurología ha relacionado con diversos aspectos de la espiritualidad. Tronco cerebral y misticismo, o lóbulo temporal y religiosidad, son algunas de las relaciones establecidas por la neurología. El mapa detalla las investigaciones que se relacionan con cada una de las zonas cerebrales implicadas y señala que la biología de la creencia está repartida por todo el cerebro."
En la nota encontrarán referencias a los siguientes temas:
- Tronco cerebral y misticismo
- Meditación y parte frontal del cerebro
- Otros aspectos de la espiritualidad
Para ver la entrada completa, por favor clikée el siguiente enlace:
http://www.tendencias21.net/Crean-el-primer-mapa-del-cerebro-mistico_a3760.html
La nota que trata sobre "El primer Mapa de Cerebro Místico", nos cuenta
que "El Institute of Noetic Science ha creado un mapa sobre las áreas del cerebro que, hasta ahora, la neurología ha relacionado con diversos aspectos de la espiritualidad. Tronco cerebral y misticismo, o lóbulo temporal y religiosidad, son algunas de las relaciones establecidas por la neurología. El mapa detalla las investigaciones que se relacionan con cada una de las zonas cerebrales implicadas y señala que la biología de la creencia está repartida por todo el cerebro."
En la nota encontrarán referencias a los siguientes temas:
- Tronco cerebral y misticismo
- Meditación y parte frontal del cerebro
- Otros aspectos de la espiritualidad
Para ver la entrada completa, por favor clikée el siguiente enlace:
http://www.tendencias21.net/Crean-el-primer-mapa-del-cerebro-mistico_a3760.html
martes, 30 de agosto de 2011
Meditación y Neurociencias, un estudio científico más que demuestra que entrenando tu mente, cambiás tu cerebro
La siguiente entrada, es una mejorable traducción personal, realizada del artículo publicado en Scientific Midfulness, el día 6 de abril del 2011. Para ver la nota original, diríjase al siguiente enlace:
http://www.scientificmindfulness.com/2011/04/neural-correlates-of-focused-attention.html
http://www.scientificmindfulness.com/2011/04/neural-correlates-of-focused-attention.html
Aclaración: cuando en el artículo se habla en primera persona, refiere al autor original del texto, y no al traductor.
Correlatos neurales entre atención focalizada y la práctica de meditación (fMRI)
Un antiguo compañero de postgrado, me envió un ingenioso estudio de neuroimagen realizado por un grupo de investigadores en Italia. El artículo comparaba 8 monjes budistas y 8 practicantes novicios de meditación. Los monjes del estudio, formaban parte de una tradición Budista de Tailandia, fundada por Ajahn Chah. Estos monjes, promediaban las 15.750 horas de experiencia práctica en meditación. En cambio, los novatos aunque expresaron su interés en la meditación, no tenían ninguna experiencia previa en la práctica de meditación. No obstante, para el estudio se les dio 10 días de práctica antes del estudio.
Usando una resonancia magnética funcional (fMRI), los investigadores registraron los patrones del cerebro durante un bloque de horas que implicaban períodos alternantes de atención focalizada (FA) y control abierto (OM). Los autores indicaron que para aquellos familiarizados con las prácticas budistas, FA corresponde a la meditación Samatha (Pali: calma mental) y OM era una forma de Vipassana (Pali: la visión clara o comprensión). Los participantes alternan entre los 6 minutos de Samatha y Vipassana, con 3 minutos de no meditación, y descanso.
El artículo, en general, utiliza un lenguaje demasiado técnico. Con resultados muy específicos en relación a qué partes de la neuroanatomía se utilizan dependiendo de las formas de atención que el meditador realice. Pero, en general, los resultados sugieren que la práctica de la meditación es la encargada de reorganizar la actividad cerebral. En otras palabras, los meditadores experimentados mostraban un patrón de actividad cerebral que los novatos no podían mostrar al realizar las mismas tareas cognitivas (en éste caso, la atención).
El proceso de re-organización cerebral, se conoce como Neuroplasticidad Cerebral. Antiguamente, se creía que el cerebro era como una piedra sólida, que no podía modificarse. Es decir, que uno nace con un cerebro que biológicamente, está incapacitad para modificarse. En cambio, nuevas modalidades de investigación y grandes descubrimientos neurocientíficos, han demostrado ésta sorprendente capacidad “plástica” del cerebro.
El cerebro es dúctil y se re-organiza a sí mismo. Es decir, el cerebro puede modificarse. Siguiendo ésta línea de investigación en neuroplasticidad cerebral, se han realizado muchos estudios cotejando la neuroplasticidad cerebral con la práctica de Mindfulness. Los resultados, siempre sugieren que la meditación en general, traza nuevos surcos cerebrales, y aumenta la conectividad entre las neuronas.
El artículo original del cual se baso el autor para hacer el anterior escrito es:
El artículo original del cual se baso el autor para hacer el anterior escrito es:
- Manna, A., Raffone, A., Perrucci, M.G., Nardo, D., Ferretti, A., et al. (2010). Neural Correlates of Focused Attention and Cognitive Monitoring in Meditation. Brain Research Bulletin, 82, 46-56.
Entre la razón y el corazón: La importancia de la emoción en la toma de decisiones
La razón y la emoción, por separado, se convierten en procesos que pueden perjudicar nuestro futuro por medio de decisiones desacertadas. Somos capaces de valorar una decisión, a pesar de su racionalidad, como inadecuada (“matar a uno para salvar a muchos”). También somos capaces de advertir decisiones inadecuadas por lo exagerado de las razones que las motivan (“no viajar por el miedo a volar”). En definitiva, nos valemos de un equilibrio entre lo racional y lo emocional para decidir de manera correcta, proceso éste que se ha ido conformando gracias a nuestra experiencia vital.
¿Qué es una decisión acertada? En principio la respuesta parece fácil: es aquélla que mayor beneficio nos aporta. Pero esta cuestión no siempre está clara. Cuando nos enamoramos las emociones toman el mando y dirigen nuestras decisiones, y una vez hemos salido de este estado de ensimismamiento nos preguntamos cómo es posible que actuáramos así, sin tener en cuenta más opciones que las que dicta el corazón, incluso desatendiendo los consejos de personas que apreciamos y tenemos en alta estima. Frases populares como “el amor es ciego” nos advierten del poder que las emociones tienen sobre estas cuestiones, pero no ha sido hasta fechas recientes que la emoción se ha considerado un elemento determinante en los procesos racionales.
En el libro “El error de Descartes” (Damasio, 1994), se retoma el caso de Phineas P. Gage, un obrero de ferrocarriles, quien en 1848 estaba trabajando en la construcción de una línea en Vermont, Nueva Inglaterra. Tras una explosión, una barra de hierro le atravesó la mejilla izquierda lesionando la zona frontal de la cabeza (véase la Figura 1). Esta terrible herida afectaba, entre otras, a la corteza orbitofrontal. Phineas sobrevivió milagrosamente sin deterioros físicos evidentes, pero su personalidad cambió de manera drástica. Su comportamiento social se desinhibió, y pasó a ser un individuo de dudosa moral.
Figura 1.- Localización de las lesiones producidas a Phineas P. Gage: la barra de hierro entró a su cráneo por la mejilla izquierda, justo bajo el pómulo, y salió por la parte superior despúes de atravesar el cortex frontal, siguiendo el trayecto indicado por la flecha (adaptación realizada sobre fotografía de protocolsnow, (cc) Algunos derechos reservados).
Precisamente las decisiones basadas en juicios morales evidencian de manera muy clara el papel de la emoción dentro del contexto social. En algunos lesionados en la corteza orbitofrontal las emociones parecen haber dejado de interactuar correctamente con la razón. Esta región modula el funcionamiento de la amígdala, que es el origen más primitivo de nuestros impulsos y emociones más ingobernables. Estos pacientes pueden explicar las normas sociales, pero no dudan en quebrantarlas si creen poder obtener beneficios. En un reciente trabajo se planteó una serie de preguntas a sujetos con lesiones en la corteza prefrontal ventromedial. Estas preguntas estaban referidas a dilemas morales como “dejar morir” a un individuo con la finalidad de salvar a un grupo mayor de personas (Koenigs y cols., 2007). Los resultados evidenciaron respuestas muy racionales en las que se prefería salvar a la mayoría mediante el sacrificio de uno.
¿Qué pensaríamos de alguien que es capaz de tomar una decisión de este tipo sin apenas dudar? Seguramente que es poco de fiar, y esto resulta paradójico, ya que la racionalidad en una persona es, en principio, un rasgo que todos esperamos de alguien confiable. Pero lo cierto es que nuestra capacidad de percibir la emoción en los demás como un motivador de la conducta humana nos hace ser más confiados ante las personas que son empáticas, ante aquéllos que son capaces de sonreírnos o emocionarse frente a nuestro dolor.
Volviendo al principio, ¿quiere decir todo esto que enamorarse es como si te atravesara una barra de hierro por el cráneo? Muchas veces resulta igual de doloroso, pero no es exactamente eso. Cuando nos enamoramos las emociones adquieren un peso mayor, lo que sin duda, condiciona nuestras decisiones. Diversos autores (p.ej., Adolphs, 2004) proponen que las emociones se pueden controlar, pero esta autorregulación depende de la maduración de la corteza prefrontal, lugar donde se ubica la mencionada corteza orbitofrontal. Esta región madura de manera tardía (Gogtay y cols., 2004), y en la adolescencia todavía no se habría conformado totalmente, lo que estaría explicando el comportamiento propio de esta etapa de la vida (Oliva, 2007), donde la toma de decisiones es un proceso muy complicado y de especial preocupación para los padres. El proceso de maduración de esta región se basa principalmente en la interacción que el sujeto tiene con su entorno, que se almacena como experiencias que nos permiten afrontar las dificultades futuras.
Pero ¿qué papel juega la emoción en este proceso de aprendizaje, y en concreto a la hora de tomar una decisión? No siempre las opciones están claras, y en este caso, el concepto de Marcador Somático (Damasio, 1994) nos permite, por fin, dar entidad a la emoción como guía de nuestra decisiones. Los marcadores somáticos son sentimientos que pueden presentarse a modo de intuiciones cuando nos sentimos indecisos (p.ej., no sabes por qué, pero tienes una “sensación” extraña justo antes de pasar por una calle y decides tomar la siguiente), y que nos ayudan a decidir qué opción será la más beneficiosa para nuestros intereses. Esta intuición se ha generado a partir de situaciones similares acontecidas en el pasado y de su conexión, no siempre de manera consciente, con las consecuencias que nos depararon, y que ahora afloran para “advertirnos“ del camino a seguir (quizá hace unos años sufriste un atraco en una calle parecida a esa, pero apenas lo recordabas ya, salvo por la sensación o intuición que te sobrevino justo al verla).
Es tranquilizador pensar que disponemos de un mecanismo que en último término nos “advertirá” de lo que es más adecuado para nosotros. Pero no siempre es fiable esta advertencia, e incluso hay trastornos psiquiátricos en los que se ha desvirtuado tal función hasta el punto de advertirnos de peligros inexistentes, como en fobias y ansiedad. Por suerte, junto a esta intuición siempre hay un proceso racional que nos permite sopesar los pros y los contras, y en esta dualidad es en la que nos movemos a diario, entre lo que dice el corazón y lo que dice la mente. Quizá sea esto lo que hace la vida interesante y lo que convierte al ser humano en dueño de su propio destino, capaz de equivocarse y, aun con todo, seguir adelante y mantener la esperanza.
Texto propiedad de:
Fernando Gordillo (a), José M. Arana (a), Lilia Mestas (b) y Judith Salvador (b)
(a) Dept. de Psicología Básica, Psicobiología y Metodología, Universidad de Salamanca, España
(b) Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, Universidad Nacional Autónoma de México, México
Fernando Gordillo (a), José M. Arana (a), Lilia Mestas (b) y Judith Salvador (b)
(a) Dept. de Psicología Básica, Psicobiología y Metodología, Universidad de Salamanca, España
(b) Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, Universidad Nacional Autónoma de México, México
lunes, 29 de agosto de 2011
Un estudio descubre que los teléfonos móviles activan ciertas partes del cerebro
Según un nuevo artículo publicado por científicos italianos, los teléfonos móviles parecen tener un efecto mensurable sobre determinadas partes del cerebro. Este impacto podría resultar beneficioso si una persona sufre de migraña u otros trastornos neurológicos. En cambio, podría resultar dañino si el individuo padece epilepsia o una enfermedad cerebral.
Según el estudio, publicado en la revista Annals of Neurology, el campo electromagnético creado por los móviles puede causar que ciertas células de la corteza cerebral se sometan a excitación, mientras que otras pueden quedar inhibidas.
Más información: Annals of Neurology 2006;DOI10.1002/ana.20906
domingo, 28 de agosto de 2011
Sobre cómo la información falsa entra en tu memoria
La incorporación de información falsa en la memoria de un suceso delictivo puede alterar el subsiguiente testimonio. Para estudiar la aceptación de tres tipos diferentes de información falsa se realizaron tres experimentos aplicando el paradigma de la información engañosa. Los resultados señalan que los detalles (vs. acciones), los contenidos periféricos (vs. centrales) y la información de tipicidad alta (vs. baja) se aceptan con mayor facilidad.
La vida diaria nos demuestra constantemente que nuestra memoria no es perfecta. A veces olvidamos una cita , un cumpleaños o no recordamos dónde dejamos aparcado el coche. Otro error consiste en creer que cierta información apareció en un determinado momento y lugar (p. ej., un periódico serio) cuando en realidad apareció en otro completamente diferente (p. ej., una revista sensacionalista). Este error, a veces trivial, puede convertirse en grave si, por ejemplo, un testigo en un juicio cree que cierta información apareció durante la comisión de un delito cuando en realidad apareció en otro lugar o momento.
Para estudiar estos errores, Loftus, Miller y Burns (1978) llevaron a cabo un sencillo experimento. Un grupo de personas vio unas diapositivas que simulaban un accidente de coche en el que aparecía una señal de stop, y después respondieron a unas preguntas sobre el suceso. Una de las preguntas sugería la existencia de una señal de ceda el paso en vez de la señal de stop. Por último, se preguntó si en las diapositivas originales aparecía una señal de stop o un ceda el paso. Muchos de los participantes escogieron la opción incorrecta. En experimentos posteriores utilizando este procedimiento se ha encontrado que aproximadamente el 15-20% de los participantes recuerdan la información falsa. Este fenómeno se conoce como efecto de la información engañosa.
Sin embargo, no es lo mismo intentar que una persona recuerde información sobre un detalle sin importancia, como la decoración de un banco, o sobre información relevante judicialmente como el arma que utiliza un atracador. Por eso es interesante determinar qué tipo de elementos pueden ser aceptados e incluidos erróneamente en nuestra memoria con mayor facilidad y cuáles serían rechazados.
Recientemente se ha realizado una serie de experimentos para determinar precisamente qué tipo de información falsa se acepta con mayor facilidad. Se estudiaron tres posibles dimensiones de la información: a) acciones o detalles, b) contenidos centrales o periféricos y c) de tipicidad alta o baja.
Hay pocos trabajos que se hayan interesado por el recuerdo de acciones y detalles trabajando con materiales cercanos a una situación real delictiva. Algunos trabajos sugieren que las acciones se recuerdan mejor que los detalles (Yuille y Cutshall, 1986). Pero, hasta ahora, en ninguna investigación se habían presentado acciones y detalles falsos para estudiar su posible aceptación. Siguiendo el método de Loftus y cols. (1978), un grupo de participantes vieron un vídeo sobre un atraco a un banco. Después, la mitad de ellos completaron un cuestionario en el que algunas preguntas incluían acciones o detalles falsos. La otra mitad completó el mismo cuestionario con las mismas preguntas, pero sin las referencias a la información falsa. Por último, se preguntó a todos si la información falsa apareció en el vídeo o no. Los participantes del grupo con información falsa cometieron más errores que el grupo control, mostrando el efecto de la información engañosa. Los participantes tuvieron más aciertos (respuestas correctas ante información verdadera) con acciones, lo que replica algunos resultados anteriores. También hubo más falsas alarmas (respuestas incorrectas ante información falsa) con detalles, lo que indicaría que esos contenidos falsos se incluyen en la memoria con mayor facilidad (Luna y Migueles, 2007). Estos resultados pueden deberse a que las acciones son los elementos más informativos y activos del suceso, frente a los detalles que son pasivos. Por eso son mejor atendidos y recordados y es más difícil que su recuerdo se distorsione.
Se utilizó el mismo procedimiento para explorar la incorporación en la memoria de contenidos centrales y periféricos (Luna y Migueles, en prensa). Investigaciones previas han demostrado que hay mejor rendimiento ante contenidos centrales, porque al formar la esencia del acontecimiento reciben mejor procesamiento (Heuer y Reisberg, 1992). Replicamos este resultado al encontrar más aciertos con información central que periférica. También se replicó el efecto de la información engañosa, y hubo más falsas alarmas con información periférica. Cuando alguien nos sugiere falsamente que un elemento secundario y aparentemente sin importancia apareció en determinado escenario, como podría ser una máquina de café en un banco, las probabilidades de aceptarlo son mayores que si el elemento fuera importante, como, por ejemplo, que el atracador lleve una pistola en el cinturón.
Por último, también estudiamos la aceptación de información de tipicidad alta y baja (Luna y Migueles, 2008). La información de tipicidad alta es la que aparece habitualmente en una determinada situación, como que un atracador de un banco lleve un arma de fuego. Información de tipicidad baja es la que, aún siendo congruente, rara vez aparece en la situación descrita, como que un atracador de un banco utilice un arma blanca. Con el mismo paradigma que en los estudios anteriores se logró replicar una vez más el efecto de la información engañosa. Además, hubo más aciertos con contenidos típicos, pero también con esos elementos se cometieron más falsas alarmas. Esto podría deberse a que, cuando nos preguntan por una información determinada que no conocemos, tendemos a responder con el valor típico por defecto. Si esa información típica es correcta la respuesta también lo es, pero si es incorrecta los errores aumentan.
En resumen, nuestra memoria es sensible a la información falsa que puede presentarse, pero es más sensible a unos tipos que a otros. Los detalles, la información periférica y los contenidos de tipicidad alta parecen aceptarse con mayor facilidad. En el caso de los detalles y la información periférica posiblemente sea debido a que son elementos menos informativos y se procesan peor, mientras que en el caso de los contenidos típicos el causante podría ser un sesgo hacia la emisión de ese tipo de respuestas. En cambio, es más difícil aceptar información falsa sobre acciones, contenidos centrales y de tipicidad baja.
Artículo publicado por:
Karlos Luna y Malen Migueles
Facultad de Psicología, Universidad del País Vasco, España
Karlos Luna y Malen Migueles
Facultad de Psicología, Universidad del País Vasco, España
miércoles, 24 de agosto de 2011
La emoción musical difiere en hombres y mujeres: Un estudio de coherencia eléctrica entre zonas del cerebro
La emoción musical difiere en hombres y mujeres: Un estudio de coherencia eléctrica entre zonas del cerebro
Los cerebros masculino y femenino difieren en su experiencia musical estética: en las mujeres participa una red más amplia en las emociones musicales. La emoción agradable enlaza todo el hemisferio izquierdo y la desagradable los dos lóbulos frontales. En los hombres, en cambio, participan solamente las regiones anteriores y posteriores para la emoción agradable, y el lóbulo frontal derecho en la desagradable. Esto puede estar relacionado con la tendencia femenina a unificar la lógica y la emoción en una misma experiencia.
Desde hace varios años, en nuestro laboratorio venimos desarrollando un proyecto dirigido a investigar el fundamento nervioso de la emoción musical. En este proyecto hemos escogido como estímulos musicales obras maestras de la música clásica, calibradas por su capacidad de inducir emociones positivas de placer y negativas de desagrado en numerosos grupos de participantes (Díaz, Flores-Gutiérrez, del Río-Portilla, y Corsi-Cabrera, 2009). Para medir la emoción subjetiva inducida por la música usamos escalas de adjetivos que denotan emociones, también validadas independientemente (Díaz y Flores, 2001; Flores-Gutiérrez y Díaz, 2009) y cuya estructura identifica cinco grandes factores: agradabilidad, tristeza, activación y atención (Ramos, Guevara, Martínez, Arce, del Río-Portilla y Corsi-Cabrera, 1996). Finalmente, utilizamos dos técnicas de imágenes cerebrales para investigar la activación cerebral: la resonancia magnética funcional (fMRI) y la actividad eléctrica cerebral (EEG) (Flores-Gutiérrez, Díaz, Barrios, Favila-Humara, Guevara, del Río-Portilla y Corsi-Cabrera, 2007; Ramos y Corsi-Cabrera, 1989). La fMRI permite visualizar las zonas activas del cerebro durante el estímulo musical y el EEG permite seguir los cambios inducidos por el flujo continuo de los sonidos musicales y obtener un promedio temporal de la actividad cerebral.
En una fase reciente de nuestro proyecto sobre los fundamentos nerviosos de la emoción musical nos ha interesado un hecho bien establecido. La genética y la influencia de las hormonas sexuales, en constante interacción con el medio ambiente y la cultura, confieren a los cerebros masculino y femenino una organización distinta. El cerebro masculino es más especializado intra e interhemisféricamente, mientras que el femenino tiene una organización funcional más homogénea, con mayor conectividad funcional y coherencia (o sincronía) eléctrica interhemisférica. Ello resulta en diferencias sexuales en la cognición y la emoción (Corsi-Cabrera, Del Río-Portilla y Muñoz-Torres, 2007).
La mayor relación funcional entre hemisferios en las mujeres puede subyacer a la mayor utilización combinada de los modos de procesamiento de ambos hemisferios, permitiéndoles atender e integrar mejor el contenido verbal y emocional de los mensajes. Por ejemplo, las mujeres detectan mejor que los hombres la entonación de sonidos no verbales, la congruencia o incongruencia entre el contenido verbal y la entonación emocional, y categorizan más fácilmente la emoción expresada en los rostros. La reacción a la música también es diferente: las mujeres prefieren la música suave y reaccionan más positivamente a ella, mientras que los hombres prefieren músicas más enérgicas, como el rock.
Por lo tanto, investigamos las redes cerebrales de actividad coherente (síncrona) relacionadas con la emoción subjetiva al escuchar música en un grupo de hombres y otro de mujeres mediante una técnica especial de correlación entre electrodos (Flores-Gutiérrez, Díaz, Barrios, Guevara, del Río-Portilla y Corsi-Cabrera, 2009). Para esto se registró la actividad eléctrica cortical mientras los voluntarios escuchaban en diferente orden tres obras maestras de la música seleccionadas por su capacidad para inducir emociones agradables o desagradables (Flores-Gutiérrez y Díaz, 2009; Ramos y col., 1996). Para inducir emociones musicales placenteras y relajadas se presentó una pieza suave de piano en tempo andante (Invención para tres voces, BWV 789 de J. S. Bach) y otra orquestal y dramática para inducir activación además de agrado (segundo movimiento allegro-agitato de la sinfonía número 5 de Mahler). Para inducir emociones desagradables utilizamos una composición inquietante de Prodromidès para la película Danton. Cada pieza se dividió en segmentos consecutivos de 30 segundos, intercalados con ruido blanco de estática de radio de la misma duración. Después de cada pieza, los participantes evaluaron sus emociones en 19 escalas. Se obtuvieron las redes coherentes para cada tipo de emoción, y como control las inducidas por el promedio de las tres músicas y el ruido.
Figura 1.- Actividad alfa-coherente durante la emoción inducida por la música en hombres y en mujeres.
Descubrimos que distintas redes coherentes de actividad alfa (entre 8 y 12 Hz) distinguen a las emociones placenteras de las desagradables inducidas por la música en hombres y en mujeres. La emoción musical agradable se caracteriza por una red coherente formada por regiones frontales y regiones posteriores de asociación izquierdas. Como puede verse en la Figura 1, la red es notoriamente más amplia en las mujeres que en los hombres, relacionando las regiones posteriores de asociación con el resto del hemisferio izquierdo. La emoción musical desagradable se acompaña por una red que liga regiones frontales con la línea media. En los hombres, ésta involucra la región frontal derecha, mientras que en las mujeres la participación frontal es bilateral. La participación de redes más amplias en las mujeres es consistente con la idea de que las mujeres unifican la lógica y la emoción en una misma experiencia.
Los estudios de las bases neurológicas de la música se inscriben en una nueva tendencia de analizar la actividad cerebral durante la experiencia estética, que abre un campo interdisciplinario fascinante entre las disciplinas biológicas y las humanidades.
Artículo Propiedad de:María Corsi-Cabrera (a) y José Luis Díaz (b)
(a) Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México, México
(b) Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México, México
(a) Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México, México
(b) Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México, México
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